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VIAJES REMOTOS

Socotra: Una isla para soñar despierto, un regalo del cielo

Ir con el 4x4 de zona en zona disfrutando del paisaje, de las playas, de caminatas por bosques de cuentos de hadas, de la gente, para llegar cada noche a un lugar idílico a tomar té y contar historias.

Hechosdehoy / José Antonio Ruiz
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Hay lugares y lugares. Hay islas e islas… y Socotra es un impresionante lugar y una isla que deja con la boca abierta. Difícil de superar en casi todos los aspectos. Desde la flora endémica a sus idílicas playas. Desde su cultura a sus paisajes.
 
Hoy os voy a hablar de esta isla tan poco visitada pero que, si tenéis la suerte de hacerlo, coincidiréis conmigo en todo con seguridad. ¡Por los Clavos de Cristo! ¡¡Qué isla!! ¡¡¡Quiero volver!!!
 
Para situaros (y ya os veo corriendo al mapa… ¡Venga!) os diré que se encuentra en el Océano Índico y pertenece a Yemen. Si, a Yemen. Asusta un poco, ¿no? Pues nada de sustos. Socotra es una isla segura (al menos por el momento) y muy alejada de los conflictos que acontecen en la parte continental de Yemen y su capital Saná. Ya hablaremos otro día de esa parte del país que entiendo que acojona un poco más.
 
Para vuestra suerte, hoy en día se puede ir directamente a la isla sin pasar por Saná desde Sharjah (muy cerca de Dubai) en Emiratos Árabes Unidos. Así que si queréis aventura, no hay excusa.
 
Sacudidos los sustos (el que tenga caspa que aproveche el momento), vamos a adentrarnos. Ya desde el avión podemos observar una isla de grandes dimensiones y montañosa. Por cierto, hay pocos vuelos y no son precisamente baratos pero merece la pena, la pierna y todo lo demás.
 
La capital, Hadibo, se encuentra en la costa norte de cara al Mar Arábigo. No tiene mucho que ver, la verdad, y las casas (en toda la isla) parecen no estar nunca terminadas del todo. Así que nada de llegar allí y quedarse a estudiar la arquitectura o a acostumbrarse al ambiente.

Al bajarse del avión, ¡a empezar la aventura ya! Sin demoras. ¡Ah! Y nada de hoteles (que son uno o dos, muy rudimentarios y sólo en la capital). Aquí se viene a hacer camping, a dormir en pequeños refugios en algunas partes o a la intemperie bajo las estrellas. Si os quedáis en un hotel, pasad por aquí para daros una merecida colleja con la mano bien abierta.
 

Los lugares de principal interés se encuentran al noreste, al noroeste, al sur y en la parte central, es decir, en casi todas las direcciones. Este post no pretende ser una guía de viajes a Socotra pero hay lugares que no nos podemos perder como la playa de Qalansiyah y la laguna de Detwah, la duna de Arher y su área circundante, las dunas de Zahek, Dixam, los árboles de sangre de dragón, el árbol botella (o rosa del desierto), la cueva de Hoq


Árboles de Sangre de Dragón. (Foto: J. A. Ruiz)
 

Al margen de su belleza, encontramos también unos habitantes muy hospitalarios. Encantados de recibirnos y de satisfacer al visitante. Eso sí, no os empeñéis en hacer fotos de sus mujeres (que van tapadas, por cierto) ya que provocaréis una situación de tensión innecesaria.
 
El plan no podría ser más apetecible. Ir con el 4×4 de zona en zona disfrutando del paisaje, de las playas, de la naturaleza, de caminatas, de cañones, de bosques de cuentos de hadas, de la gente, hasta de bucear o hacer snorkel… para llegar cada noche a un lugar idílico a pernoctar, tomar té, contar historias…

Al día siguiente, se comienza de nuevo. Al ritmo deseado, sin aglomeraciones (muy pocos turistas vais a ver y, si los veis, os daréis cuenta de que son, en su gran mayoría, mujeres. ¿Sabéis por qué? Yo si). En definitiva, un viaje para recordar toda la vida.
 

Llevad mucha capacidad de almacenamiento para hacer fotos porque las oportunidades son infinitas, los atardeceres mágicos y la isla, en general, un regalo del cielo.
 
Podría seguir y seguir escribiendo sobre Socotra pero no terminaría nunca así que comentad o contactad conmigo si queréis saber más o, porqué no, visitar la isla, y os podré echar una mano, ¿ok?
 
¡Hasta el próximo destino remoto! (si alguien quiere que hable sobre alguno en concreto, ¡animaros a pedirlo!).
 
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