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A ESTAS ALTURAS DEL VERANO

Si quiere evitar golpes de calor ¡váyase a La Toja!

La noche, una ventana abierta y el fresco de la brisa marina, te permiten recuperar una mantita y un sueño que Madrid te niega. Un lujo y un privilegio.

Hechosdehoy / Agustín Alberti
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Que la familia, hablando en términos generales, es una institución insustituible no me cabe la menor duda. Esa familia de mostrenca naturaleza que algunos desean a toda costa que desaparezca mediante experimentos de arte y ensayo, sigue ahí impertérrita para tranquilidad de parados y desesperación de sociólogos en busca de un hueco en la postmodernidad.

Que aparezcan tus hijos con una reserva de avión y coche para que te vayas a Galicia y no caigas en una calle madrileña victima de un golpe de calor es una demostración más eficaz que un tratado de logoterapia de que la familia está ahí, imperturbable pese a cualquier ideología de género.

Hotel en La Toxa, La Toja de toda la vida, piscina al borde del mar, vistas a la isla de Arousa, Arosa de toda la vida, y al lado El Grove con un mercadillo los viernes que invita a un consumo totalmente “sostenible” y un puerto en el que amarra el único barco de vapor que queda en España.

El Hotel Louxo, con trato amigable y una cocina que no parece de hotel, platos del día que en cualquier establecimiento madrileño costarían el doble, vinos de la Ribera Sacra, médico gratis si utilizas las instalaciones de masaje y un SPA de agua de mar que, según las expertas que lo atienden, te dejan limpias las vías respiratorias de la porquería acumulada en la capital. La noche, una ventana abierta y el fresco de la brisa marina, te permiten recuperar una mantita y un sueño que Madrid te niega.

Luego a revisitar la zona. La playa de La Lanzada, de fama internacional con áreas de aparcamiento cercanas al borde de la mar muy bien diseñadas y pocas instalaciones playeras. Una delicia para la vista y para los que gusten del agua gélida.
Cerca Sansenxo, Sanjenjo de toda la vida, donde desaparecidos los tres o cuatro chalés que quedaban al borde de su maravillosa playa –conservado creo, sin embargo, el fabuloso crucero de piedra de los Hermida- se va pareciendo peligrosamente a un Benidorm en plena ría de Pontevedra.
 
Se intuye que el ángel custodio de la bellísima iglesita de San Xinés de Padriñan, a cincuenta metros de la playa, ha debido de trabajar duro para que no fuera sustituida por un edificio de apartamentos.

Cambados, camino de Isla de Arosa, merece una visita para pasear por lo que queda del antiguo pueblo donde luce con modesto esplendor la piedra de Galicia.

Una comida en alguna playa de Bueu –aparcamiento bajo sombra 2 euros- con vistas a la ría de Pontevedra y excelente cocina sin grandes sofisticaciones podría ser el prólogo de un paseo desde Vigo hasta Gondomar y Baiona donde el parador Conde de Gondomar defiende con sus antiguas murallas la costa norte de la entrada a la ría.

A Marisol, una hermana del conde de Gondomar que hacía para el ABC los crucigramas que firmaba Cova– le escuche historias de hechos misteriosos en los pasadizos que unen las construcciones de esa fortaleza de los Fernández de Córdova que perteneció a sus padres.

Menos de una hora de vuelta a Madrid desde Vigo, tiempo suficiente para meditar en la familia como concepto real y agradecer a quien corresponde que siga ahí como un bien digno de ser cuidado con atención y desvelo.

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