¿Podría estar el Acuerdo de Libre Comercio suscrito entre Canadá, Estados Unidos y México (TLCAN) en peligro de ser suspendido por la actual Administración Trump? Esa pregunta subyace en el ánimo de los negociadores de dicho convenio que ha estado en vigencia desde 1994.
La probabilidad de esa amenaza, que late en la interioridad de los negociadores, puede ser más una realidad que un simple espejismo, debido a la línea dura negociadora que viene adoptando la Administración del presidente Trump en dichas conversaciones. La renegociación de este importante acuerdo representa cientos de miles de millones de dólares en intercambio de bienes y servicios. Anualmente ha creado también millones de empleos entre las tres economías del entorno de la América del Norte.
Las negociaciones entran ahora en su cuarta ronda. Diríamos que como van las negociaciones revestidas, de tensiones e incertidumbres, cualquier cosa puede suceder. La línea dura perseverante instaurada desde la asunción del presidente Donald Trump, el 20 de enero de este año, la cual viene haciendo duras críticas al convenio, hace pensar que el futuro del NAFTA como se le conoce en sus siglas en inglés es del todo incierto.
La delegación que encabeza el Representante de la Oficina Comercial (USTR) en inglés ha sometido a duras pruebas con sus exigencias la supervivencia del acuerdo. Por ejemplo, el tema de la reglas de origen que Estados Unidos pretende cambiar la relación porcentual y que aplica directamente a la industria automovilística de México, es parte de ese sentimiento.
También, los negociadores norteamericanos han puesto sobre la mesa de discusión que en el caso de México, país donde se concentra el mayor blanco de la inconformidad de Trump, quiere que los salarios de los trabajadores mexicanos sean elevados y que el nivel de competitividad entre los tres países socios sea en base a un mejoramiento en la calidad de vida de los trabajadores.
Otro aspecto preocupante que ha surgido es el famoso Artículo 19 que Estados Unidos quiere eliminar en cuanto al derecho de los tres países de establecer paneles binacionales independientes sobre quejas de subsidios ilegales y dumping.
El presidente Donald Trump, desde su época de campaña presidencial, ha venido criticando al TLCAN. Alega que dicho convenio comercial ha ido en contra de los intereses de la industria norteamericana, tomando como punta de lanza a las compañías automotrices instaladas en México, y que han sido puestas como ejemplo como pérdidas de empleos para su país.
Para muchos, la suspensión de este acuerdo comercial tripartito significaría grandes pérdidas económicas para los estados agrícolas conservadores del centro-oeste que fueron claves para que el inquilino de la Casa Blanca ganara por una amplia mayoría de votantes.
Ahora estos poderosos intereses agrícolas sienten el temor eventual de que un rompimiento comercial perjudicaría sensiblemente sus ventas agrícolas a México. Y esto es solo un ejemplo.
– El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en inglés North American Free Trade Agreement (NAFTA) y en francés Accord de libre-échange nord-américain (ALÉNA), es una zona de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México.
– Las expectativas económicas para México en caso de que se colapse el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) son pesimistas, según una evaliación del Banco Santander. Incluso, el escenario más malo, contempla que el Producto Interno Bruto (PIB) se contraiga hasta 2.6% en 2019, publicó este el diario Financial Times (FT). El Banco Santander, según FT, examina tres posibles escenarios: una transición, un retorno a las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y el peor de una guerra comercial.







