Según su perfil en la web del PGA Tour, Covey Conners, es un poco genio matemático. Un joven genio. Un canadiense fan del hockey hielo. Tiene dos hermanas, Nicole de la que es mellizo y Sarah. Sus estudios y su cerebro le llevaron a especializarse en matemáticas actuariales.
Me parece un buen complemento intelectual para el golf. Uno sabe de la exactitud de la aritmética y, a la vez, sufre la incertidumbre del golf. La seguridad de los números frente a la perplejidad de los elementos. Y su juventud de sólo 26 años cara a cara con el centenario, noble y enraizado juego del golf.
Esos son algunos rasgos del canadiense que terminó solitario en cabeza tras la tercera ronda del Valspar Championship.
Nos revelaron que Covey estaba en lista de espera, si me permiten la expresión. Delante de él había otros dos jugadores en reserva, por si fallaba alguno de los que tenían su derechos de juego. Finalmente se produjo una baja y el canadiense tuvo la fortuna de que quienes le precedían para cubrirla tampoco estaban disponibles.
Entró de rebote y se subió a la pizarra.
Sin embargo el domingo es el domingo. Era la primera vez que se encontraba liderando la clasificación a falta de 18 hoyos. Pegados a los clavos de sus zapatos de golf algunos grandes del oficio. A un golpe tres de ellos: Justin Rose, Brand Snedeker y Tiger Woods.
¿Cuál es el cálculo para regular pulsaciones cardiacas? ¿Qué algoritmo dibuja el swing exacto o la ronda perfecta? Cero. Ninguno, porque el golf, como la vida, genera sus propias dinámicas. Qué poco hay de certero. Cuánto de entrenamiento.
Por eso era tan improbable la victoria de Covey Conners. Y nadie le vio torcer el gesto.
Ni en el hoyo 1 donde hizo bogey ni en los otros cuatro hoyos en que repitió error. Tampoco cuando hizo doble bogey en el hoyo 13. Una gran experiencia para este canadiense que podrá volver a intentarlo. Descenso penoso que tuvo su espejo en el ascenso del único español en Innisbrook Resort.
Sergio García (-8) trabajó de menos a más y fue líder en Casa Club durante 36’ 20’’; justo el tiempo que medió hasta que Paul Casey (-10) tomó el relevo. El inglés fue otro que se fijó una meta clara: pasase lo pasase en otros partidos el ganaría este domingo al campo; lo hizo: 65 golpes en la ronda.
Pero cuando al partido estelar le quedaban los seis hoyos finales sólo Patrick Reed que había empatado en cabeza y otros tres más tenían opciones. Pero en contra tendrían el Pozo de la Serpiente (The Snake Pit). Así llaman a los hoyos 16, 17 y 18 de este Copperhead Course de Innsbrook.
A esa amenaza nominal tendrían que enfrentarse Justin Rose, Tiger Woods y, más improbablemente Sam Burns.
De hecho Sam Burns tiró su juego con un triple bogey en el hoyo 16; Reed se equivocó en el green del hoyo 18. Y Justin Rose, en el partido estelar, no llegó a reponerse de sendos bogeys en los hoyos 12 y 13. Sólo quedó uno: Tiger.
Pero Tiger Woods, como decíamos ayer, está vivo. Y con un putt de 15 metros y cuesta a bajo en el hoyo 17 se puso a un golpe del líder de Casa Club. Todo el público se volvía loco esperando que lo repitiera en el último hoyo: eso parecía imposible.
La Serpiente miraba de frente al Tigre. Snake vs Tiger. Fue a un sólo asalto. Zarpazo o dentellada venenosa. Y eso ocurrió: venció el áspid desde el fondo de su guarida. Tiger Woods lo intentó pero su largo putt se quedó cerca del hoyo. El nombre Pozo de Serpientes está tomado de los cuentos y leyendas europeos de hadas; con ello se alude a lugares de terror, tortura e incluso muerte.
Pero un asalto no mata a un Tiger, lo motiva. Quedó segundo empatado con Patrick Reed. Y Sergio García, después de escalar veinticinco puestos en la tabla, terminó cuarto en solitario a una semana de que llegue al mundo el hijo suyo y de Angela. Ánimo, campeón.
Aunque el campeón del Valspar Championship fue, con todo merecimiento, un Paul Casey lleno de confianza.
Todo apunta a que con finales como la de este domingo la temporada estará animadísima.






