El Deutsche Bank Championship sigue jugándose en el TPC Boston, en Massachusetts, ese estado al que cantaban Bee Gees en los 60’: “I’m going back to Massachusetts/Something's telling me I must go home/And the lights all went out in Massachusetts/The day I left her standing on her own”.
I must go home…Volver a casa. Y ¿qué casa tiene un jugador profesional? Pues como en tantas vidas que hoy se viven, el hogar es medio mundo. Hoy toca Norton, Condado de Bristol y mañana o pasado viaje hasta Carmel, Indiana. Y así una semana tras otra. Igual en el European Tour… que Asia y Sudáfrica son europeas a efectos golfísticos.
Bueno, algo me dice que debo volver a casa, a esta casa mía – y suya, amable lector – que tiene balcón de sentimientos y palabras sobre la vida, sobre el olvido, sobre el mar del golf y sus buenas maneras.
Justo en este momento, levantaba la cabeza y veía en el monitor la elegancia puesta de pie: Matt Kuchar, terminaba su recorrido y se despedía de su compañero competidor y de los caddies dándoles la mano. Les brindaba también, y al público del hoyo 18, la mejor de las sonrisas.
Si uno no le conoce y lo ve así, dado el comportamiento medio humano, podría pensarse que acaba de ganar un torneo. Pero Matt Kuchar sonríe siempre. Acaso, en su interior gana siempre la competición más importante: ser un caballero en todo momento. En esta ocasión venía de poner un +2 en su tarjeta y un -3 en el acumulado, lejos, muy lejos del éxito.
Si en vez de en TPC Boston estuviéramos en la cubierta principal del RMS Titanic la madrugada del 15 de abril de 1912, no cuesta imaginarse esa sonrisa de Matt Kuchar ayudando a damas y niños a abordar el bote salvavidas: “ánimo, señora, suba usted: esto son cosas sin importancia y este botecito le dejará a usted en casa en un pis-pas”.
Cuando este campeón abandonaba el green del hoyo 18, las cosas en la clasificación estaban interesantes. Terminando la primera vuelta Kevin Chappell encabezaban la tabla con un -13 en su casillero; con -12 iba Paul Casey; y luego tres jugadores con -10 Smylie Kaufman, Jimmy Walker y Brian Harman.
La mejor vuelta, ya en Casa Club, era la de Louis Oosthuizen que con su -7 en el día, cerraba con un total de -9. Ese mismo resultado, -9, era el de un recuperado Rory McIlroy, que en el último hoyo, un par 5, a punto estuvo de hacer albatros; la bola impulsada por el segundo golpe del norirlandés aterrizó en green, rodó hacia el hoyo, tocó su borde izquierdo, y se detuvo a setenta centímetros. No pudo ser, pero un eagle también deja un buen recuerdo. Too much Heaven – -mucho cielo –que cantaban Bee Gees.
Sergio García (-5) jugaba con Jordan Spieth (-5). Ni el español, ni el nº 3 del mundo tuvieron su día: ambos terminaron con 72 golpes, +1 del campo. Y eso que a la tercera jornada le llaman el día del movimiento. Para ellos fue de movimiento descendente en el total: de -6 a -5.
Con esos resultados han perdido toda posibilidad razonable de ganar el torneo: para eso están muy pocos. Y entre esos pocos un inglés tenaz: Paul Casey. Hizo -5 cada una de las dos primeras jornadas. La segunda, de hecho fue un dulce paseo sin errores. Y en la tercera hizo un bogey en el hoyo 3, y desde ahí un recorrido sin problemas: todo pares, birdies (hoyos 5, 6, 7, 16) y un descomunal eagle en el hoyo 18.
Paul Casey, nacido en Cheltenham, Inglaterra, vive ahora en Arizona. Sabemos que renunció al Circuito Europeo para jugar sólo en Estados Unidos. Sabemos que por una fuerte diferencia con los organizadores del European Tour, a causa del número de torneos que tiene que jugar en Europa para mantener la tarjeta, fijó sus objetivos profesionales en el Nuevo Continente y de hecho – y de derecho – no jugará la Ryder Cup.
En la clasificación de la FedEx Cup estaba en el puesto 59º al comenzar el Deutsche Bank y de ganar el torneo ascendería al puesto 4º. Y podría ser, si el Labour Day juega como jugó el domingo: su segundo golpe en el hoyo 18 – par 5 – dejó la bola a escasos 60 centímetros, para cerrarlo con eagle.
Pero la piel de ese oso – la victoria en Norton – no puede venderse hasta que el lunes termine la cacería. Y ahí están otras escopetas con munición; no muchas, pero sí buenas: Smylie Kaufman, el zurdo Brian Harman (-12), Kevin Chappell, (-11) Ryan Moore (-10) y Jimmy Walker (-11).
La cacería, por cierto, adelanta la hora de la partida porque, como en otra canción de Bee Gees, éste será Monday’s Rain. La lluvia de este lunes en el TPC Boston no está hecha para el confort y así lo cantaban Don't let me walk to Monday's rain.






