No ha sido mala la vuelta del español, pese a los dos bogeys (hoyos 2 y 5), enseguida recuperados. No hay duda, Sergio García es un candidato a estar entre los 70 que pasarán al siguiente torneo. Lo hará sobrado y con oportunidad de prepararse un victoria en este Deutsche Bank Championship o en uno de los dos que le siguen.
Por cierto, lo mismo que el Circuito Europeo se juega mayoritariamente fuera de Europa (en África y Asia), el Circuito Norteamericano encomienda, también mayoritariamente, los torneos eliminatorios finales a empresa europeas. De los cuatro campeonatos de los playoffs tres tienen sponsor del Viejo Continente: The Barclays, The Deutsche Bank y BMW. Eso sí, el último y definitivo no puede ser más representativo de lo yanqui: Tour Championship by Coca-Cola.
La tarde en Boston trajo mucho juego y buenos resultados. Y más de uno rehízo su juego. Aunque en “Tú a Boston y yo a California” (The Parents Trap, 1961), Susan le dijera a su hermana gemela Sharon a la que nunca había visto, aquello de “Boston is no a place to rekindle a romance” (Boston no es lugar para avivar un idilio); el de sus padres separados cada uno con una hija.
Pero en Boston y en una segunda oportunidad John Cirran se reencontró con la mejor parte de sí mismo, y del +4 del primer día construyó un -1 en la segunda jornada. Salvaba el corte y se ponía en condiciones de salvarse para el siguiente torneo.
No así quienes Boston les ha dicho adiós; “Boston where no one knows my name”, que cantaba Augustana. Sin nombre para jugar el fin de semana, sin compañeros, sin golf, viajando ya para casa porque además de no pasar el corte no están entre los 70 mejores de la FedEx Cup. Olvidados hasta la próxima temporada Russell Henley (87º); John Senden (89º); Chez Reavie (82º); Derek Fathauer (100º) y Web Simpson (86º), entre otros.
Tampoco estarán el fin de semana por no pasar el corte, pero gracias a su buena clasificación sí les veremos en el siguiente torneo a Phil Mickelson (13º); Billy Horschel (62º) o Greamme MvDowell, por ejemplo.
Y por arriba de la tabla, con holgura y sin agobios ya se veían a las grandes estrellas del golf, los más regulares, aquellos de los que más esperan los aficionados. En el Top 10 del Deutsche Bank estaban gente como Paul Casey (-10); Dustin Johnson (-8); Ryan Moore (-7); Patrick Reed (-7) y Jimmy Walker (-10).
A las puertas de esa privilegiada decena esperaban con – 6 el domingo, día de movimiento, Sergio García, Jordan Spieth, Roberto Castro, Tony Finau, Billy Hurley III, David Hearn, Charl Schwartzel y Harold Varner III. Todos ellos con opciones de victoria cuando quedan 36 hoyos por jugar.
Entre los que han jugado muy bien está Jimmy Walker (-10), quien con un bogey al poco de empezar hizo seis birdies y un eagle entre los hoyos 6 y 18.
En el partido estelar podrá estar Paul Casey (-10) con un rocoso Kevin Chappell (-11). No solemos hablar, ni escribir mucho de él. Será que no es mediático y que no ha ganado un campeonato, aunque tiene tres segundos puestos.
Kevin Chappell, es 34º del ranking Mundial y 13º de la FedEx Cup. Nacido en Fresno (California), no parece que su viaje a Boston tenga nada que ver con la letra del Boston de Augustana (“I think I need a sunrise /I'm tired of a sunset/Here it's nice in the summer/Some snow would be nice, oh yeah”).
Kevin Chappell, tiene 30 años y está casado con Elisabeth desde hace tres, con quien comparte entre otras cosas una suerte de compasión por los que sufren; por ejemplo organiza su propio campeonato para allegar fondos para la curación el cáncer que donan al programa oncológico del Valley Children’s Healthcare.
En el campo de Norton ha dado un recital de buen juego; en los primeros nueve hoyos ha hecho cuatro birdies y un eagle, y en los segundos un bogey y dos birdies.
Kevin, ya digo, no es de los que vemos brillar. Pero brillo y victoria no empiezan ni con la misma letra ni tienen la misma transcendencia. Lo suyo está más cerca de lo que vemos en esos grandes profesionales de los que un día vemos en la portada en un reconocimiento por los hicieron y no por lo que lucieron.
Buena suerte y buen trabajo.






