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Ya se nota que es primavera: la fragancia del azahar llega dulce desde el jardín a la terraza más sureña de mi casa. Chaparrones y tormentas se abaten sobre los jazmines y los distantes cipreses. Mi vieja cicatriz del costado tira de la carne y mi otra herida, la del alma a la altura de los recuerdos, tira de canción italiana (“Se piangi, se ridi, io sono con te” de Bobby Solo).
Y luego está la prueba del nueve de la llegada de la estación: la ocurrencias de mi primo Gonzalo. No se pierdan la perla primaveral de este año.
Resulta que, como muchos de nosotros, estaba en la firme creencia de que la primavera empezaba el 21 de marzo. Por eso se quedó muy sorprendido cuando el Domingo de Ramos, durante el aperitivo esperando el paso de las cofradías, le informé de que ya era primavera.
.- Sí, en el Corte Inglés, que suele adelantarse – me respondió, siempre sensible a la publicidad.
.- Y en Decathlon, en Media Markt, en Leroy Merlin, en el Real Club de Golf de Sevilla, en la cafetería La Campana y, en general en todo el hemisferio Norte – le apunté, para añadirle -; este año la Primavera ha entrado a las 4:30 horas peninsulares del día 20 de abril: cuestión de equinoccio, rotación de la Tierra y esas cosas de la astronomía, primo.
Mi primo Gonzalo se quedó pensativo, actitud que en él es poco común, pero que queda delatada en cuanto, para suplir su enciclopédica ignorancia, teclea circunspecto en su Smartphone en busca del dato en Google.
Ese día no falló y al cabo de un cuarto de hora de manipular paginas web, va y me añade.
.- Jo! Tienes razón primo: ¡es Primavera!: aquí lo pone. Es un artículo que lo cuenta todo.
.- Ya te lo he dicho, jinete de alcornoque – y dirigiéndome al camarero – otro Alfonso, por favor…y aceitunas.
.- Sí, pero aquí – dice señalando su teléfono como si fuera el Pleno de la Academia de las Ciencias -, aquí hay una información muy, pero que muy valiosa.
.- ¿No me digas que ya hay acuerdo de Gobierno para España?
.- No, no es eso, sino que ya sé por qué siempre mi bola de golf se desvía del hoyo, por más que yo apunte al centro. Te leo el texto: “la Tierra está ligeramente inclinada 23,5 grados sobre su eje de rotación”.
.- ¿“Ligeramente”? A mi me parecen un montón de grados, primo lumbreras – le digo y le dejo por imposible -: con esa inclinación lo extraordinario es que la bola acabe en el hoyo alguna vez.
La primavera se empieza a notar por estas cosas y porque en el golf se acercan las grandes citas. Ya comienzan a colocarse en el tee de salida los grandes del momento, preparados para acumular premios, puntos, posición y forma para los grandes torneos. Otros, este año, se esfuerzan para puntuar de cara a los Juegos Olímpicos.
El pasado fin de semana vimos las mejores versiones de Jason Day y Henrik Stenson en el tradicional campeonato Arnold Palmer Invitational que, finalmente, se llevó el australiano en un gran fin de semana con el broche de un birdie en el imposible green del hoyo 17 del Bay Hill Club & Lodge de Orlando (Florida). El joven campeón dio un golpe de más de 200 metros, sobrevolando la bola lago y bunkers para acabar a solo cuatro metros del hoyo. El putt fue directo al fondo de la copa. Ese golpe ponía el -17 en la pizarra y arrebataba cualquier esperanza a Kevin Chapell que con -16 era la mejor tarjeta hasta el momento.
A 13.000 Km de Florida, en Delhi, se jugaba el Hero Indian Open. El jugador local S.S.P. Chawrasia hacía un muy difícil approach en el hoyo 18 que le aseguraba la su primera victoria, después de haber quedado cuatro años segundo. Lo bendito no fue tanto el golpe, sino el deportivo aplauso que, unido a la euforia del público, le dirigió su compatriota y campeón de otros años, Anirban Lahiri que compartía partido estelar.
Y es que lo difícil en golf no es meter la bola en el hoyo, con inclinación de la tierra o sin ella, sino comportarse siempre, en Invierno, en Otoño, en Verano y en Primavera como un señor, reconociendo el trabajo bien hecho de tus compañeros. ¿No es aplicable esto a otros espacios de la vida? Pienso que sí: al menos es deseable, como cantaba Pino Donaggio, “Io vorrei, Io vorrei / che cuesto sogno / fosse realtá”.