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FASCINANTE VIAJE

Japón, de Osaka a la imprescindible Kioto, gigolós y el espacio es lujo

¿Qué es el Okonomiyaki? ¿Qué es una Maiko? ¿Y una Geisha? ¿Qué pasa con Kioto? Más experiencias y anécdotas de un país que ha fascinado y va a fascinar a infinidad de viajeros.

Hechosdehoy / José Antonio Ruiz
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En el post anterior os empecé a hablar de la nación nipona, de su avance tecnológico y de mis experiencias en el ámbito laboral. Si no leíste el post anterior sobre Japón, haz click aquí para que entres en calor. Ahora sí, seguimos con este fascinante viaje… Cuando terminé aquella, mi última reunión en Nagoya, salí rumbo a Osaka.

En este viaje aprendí mucho de cómo se hacen las cosas en su cultura. Por ejemplo, fui consciente de que allí, cuando van a abordar un proyecto, el peso de la preparación en relación a la ejecución es muy diferente al de occidente. Me explico. En occidente, en general, empleamos más tiempo ejecutando que preparando. Allí es al revés. Preparan largo y tendido y ejecutan en menos tiempo. Son dos formas de hacer las cosas y te hace pensar… ¿Qué es más eficaz a largo plazo? Ahí os la dejo…

Y otro aprendizaje no menos importante: En una de mis reuniones en Osaka, en una oficina súper zen, nada más llegar me hicieron quitar los zapatos (como es habitual) para darme cuenta de que tenía un agujero inmenso en mi calcetín derecho. Qué vergüenza. Yo tratando de llevar la atención a la pantalla y todos los presentes mirándome los pies. En un movimiento fugaz estiré el calcetín pisándomelo con el otro pie para que se ocultase el dedo gordo pero, al ratillo, volvía a emerger como diciendo: “¡Chssst! que yo también tengo algo que decir…”. Ya sabéis, los calcetines, siempre en orden.

Continuamos… Fui a Osaka no sólo para una reunión sino que aproveché para verme con una amiga japonesa que había conocido en la isla de Tioman, en Malasia, unos meses atrás. Me invitó a pasar unos días por allí y, cuando terminé mis asuntos laborales, recorrimos la ciudad y otras cercanas y tan apasionantes como Kioto. Las primeras risas cayeron cuando llegamos a su casa. Aquello no era pequeño, ni siquiera diminuto. ¡Era liliputiense!

Japón es un país muy densamente poblado y el espacio es un lujo. Fui testigo de ello y entendí por qué utilizan, en innumerables edificios, los espejos en las ventanas para traer la luz solar a las viviendas. Qué listos estos japoneses.

Al entrar en la vivienda pude observar lo siguiente:

1. Para entrar en el baño había que mover la lavadora. Ésta última no podía estar en funcionamiento en ese momento.

2. Para estirarte completamente al dormir había que poner la tele en LA silla. Salón/comedor es más un concepto de aquí. En esta ocasión fue más salón/dormitorio.

3. Para usar el microondas había que desmontar media cocina. Haber jugado al Tetris ayudó en estas circunstancias.

4. Aún con todo esto, había pasillo… Qué cracks estos japoneses.

Como veis, si queréis maximizar el espacio de vuestras casas, un paseíto por Japón os puede dar muchas ideas. Lo mismo de un piso sacáis cuatro y súper luminosos. Aunque no os paséis porque así como en casa de mi amiga podías hacer pis mientras cocinabas, veías la tele, hacías un puzzle, sacabas la basura, fregabas al mismo tiempo y te tumbabas directamente a dormir, lo mismo te cansabas un poquito a los dos días. Sólo nos faltó dormir de pie.

La primera noche salimos por ahí a tomar un par de copillas. La verdad es que me encantó aunque sí fui objeto de todas las miradas y alguna no fue muy cómoda. Claro, ella me llevó a lugares donde no había extranjeros. Me llevó a los que iban ellos normalmente y fue una experiencia de inmersión cultural genial pero no faltó la mirada de “¿Y tú cómo has llegado aquí?” o “¿Qué pintas tú por estos andurriales?”. No obstante, fueron pocas y lo pasamos pipa.

Por las noches siempre había puestos con unas bolitas tipo buñuelos que estaban riquísimas, aunque lo que más me sorprendió de noche fue la presencia de gigolos. Tal cual os lo cuento. Había una calle que terminaba en un puente en el que había un montón de chicos jóvenes vestidos de traje con una rosa en la mano a los que se les acercaban mujeres que fácilmente les duplicaban la edad para buscar compañía. Tras una breve charla, se iban juntos como si fueran novios y ellas con una sonrisa de oreja a oreja. Yo le pregunté a mi acompañante: “¿Son los modelos de las tiendas de moda masculina de la zona?” y me respondió: “No, son gigolos. Es que hay escasez de hombres por aquí y la gente está muy sola… y tal…”. Mira tú que cosas…

Otra de las grandiosidades del lugar que disfruté muchísimo es la comida. ¡¡Hay todo un mundo más allá del sushi!! y uno de los platos que más me gustaron fue el okonomiyaki. Ingredientes de todo tipo revueltos con huevos que te dan en un bol y tú, que tienes una plancha delante, te haces esta especie de tortilla a tu gusto. ¡Una maravilla! Además, no os creáis que el sushi es barato en Japón porque no lo es. Eso sí, lo probé y, como no podía ser de otra manera para un amante de la cocina asiática, me encantó.

Días más tarde quedamos con unas amigas de ella y nos fuimos todos a Kioto. Oh… Kioto… qué “gonito”… que ciudad tan espectacular. Qué templos, que calles, que cultura, que vistas… Samurais, leyendas, almendros en flor… Todo un contraste con la modernidad y futurismo de Tokio u Osaka. Paseamos por todos lados, disfrutamos del silencio de algunos de sus templos, nos sumergimos en sus rincones y respiramos la esencia de Japón. No hay visita a Japón sin Kioto. Desafortunadamente, en algunas épocas del año está hasta las matracas de gente. Si buscáis en Google, veréis unas fotografías de lo más sugerentes. Totalmente para soñar…

Tan bien nos fue la visita que hasta encontramos unas maikos caminando por la calle. ¿Y qué es una maiko, José? pues es una aprendiz de geiko. ¿¿Y qué es una geiko, José?? pues es cómo se les llama a las geishas en Kioto. ¿¿¿Y qué es una geisha, José??? pues es una artista tradicional japonesa. Una mujer entrenada en artes como la danza, los instrumentos tradicionales, el canto… que animan reuniones, celebraciones, etc. ¡Hala! ya está todo claro, ¿no?

Mis acompañantes comenzaron la jornada con cierta timidez pero a medida que pasaban las horas éramos como la pandilla zapatilla y pasamos un día estupendo. Desde aquí, amigas mías, estéis dónde estéis, os mando un besote sonoro. Y así terminaron mis días en este sublime país con la certeza de que todavía había mucho por ver y experimentar. Motivo por el cual, ¡VOLVERÉ! (y os traeré fotos en condiciones y más actuales…).

¡¡Hasta el lunes que viene!! ¿¿Qué vendrá?? ¿¿Qué vendrá?? pues no os lo voy a decir… Pero si te gusta lo que lees en TravelZungu, ¡compártelo!

 

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