Craignez Honte es el lema del Duke of Portland. En tierras de este ducado se construyó Royal Troon. Por aquel entonces -1878 – el titular ducal era Su Gracia el VI Duque de Portland, Sir William J. Cavendish-Bentinck, que debió ver con benevolencia que aquellos aborígenes tan lejanos de su actividad en la Cámara de los Lores ocupasen su tiempo en meter un bola dura en hoyos hechos en los pastos para el ganado de la costa escocesa.
Y ya puesto en donaciones podría muy bien Su Gracia haber cedido también los derechos de uso del lema de la Casa Ducal de Portland, “Craignez Honte”, que podemos traducir como “temamos el deshonor”.
En la ronda final del 145º Open, no hubo deshonor, no hubo rendición. El partido estelar lo componía la misma pareja de la víspera: El líder de la tarde anterior, Henrik Stenson, que empezaba con -12, y el líder de las dos primeras jornadas, Phil Mickelson que empezaba con -11. Los dos respondieron con creces a lo que se esperaba de ellos, a lo que son y a su carácter.
Henrik Stenson puede ser y es todas estas cosas: fijo, fiable, estable, exacto, tiralíneas, frío, inexpresivo, con la misma guasa de un auditor con dolor de estómago ante un balance contable poco claro. En los primeros hoyos no le vimos una mueca de satisfacción ni cuando metía un putt de 10 metros.
Antes de cada golpe su mirada de acero iridiado calcula distancia, entorno, contornos y luego ejecuta con la mecánica y asepsia que emplea un experimentado cirujano de cráneo en una operación rutinaria. Viste de gris oscuro casi siempre, lleva barba de uno o dos días y pelo muy corto cubierto con gorra de Callaway, su patrocinador deportivo.
Por su parte, Phil Mickelson puede ser y es todas estas cosas: creativo, genial, mago, capaz del mejor golpe del día y del golpe tonto de la semana, de fallar un putt de 3 pies y, seguidamente, de hacer un eagle monumental – como el que hizo en el hoyo 4 -, y todo ello con inapreciables gestos contenidos de disgusto ante los errores y manifestaciones de alegre orgullo ante golpes mágicos con los que contagia al público que le jalea.
Phil no tiene en su bolsa más palos que el resto de jugadores; sólo tiene más wedges – palos con mucho ángulo – para realizar aventurados ejercicios que hacen volar la bola por encima de los obstáculos y detenerse después en unas pocas pulgadas muy cerca de la bandera. Viste de negro, luce una tez morena y afeitada. El pelo muy poco largo y brillante asoma por debajo de su gorra de Callaway, también su patrocinador deportivo.
Como ya habrán repetido los comentarista y yo no he oído – en el castillo de tía Alicia vemos golf por Sky Sports – el partido Stenson/Mickelson parecía un adelanto de la próxima Ryder Cup. Situados en la cabeza del Open, en el último partido con mucha ventaja sobre sus perseguidores, ambos jugadores sólo miraban ganar al otro: como en un match play.
El americano y el sueco, siempre empatados o con mínima diferencia, parecían buscar sólo hacer igual o mejor que su compañero competidor el hoyo que se jugaba en ese momento.
Así, los resultados de ambos fueron alimentando – hoyo a hoyo – el mejor juego de cada uno. Terminaron los primeros nueve con -4 en el día. Y luego llegaron a estar muchos hoyos empatados, desplegando golpes extraordinarios según la especie de cada cual.
La segunda vuelta se puso de cara para el europeo a partir de sendos birdies en los hoyos 14 y 15 que le dieron dos golpes de ventaja sobre su compañero competidor americano. El del hoyo 15 fue un birdie de impacto tremendo, pues Henrik Stenson lo consiguió con un putt de larga distancia.
Él mismo debió sentirlo así y se permitió la licencia de celebrarlo con el puño apretado y gesto de indisimulado entusiasmo. Es perdonable: al fin y al cabo todos tenemos un momento de debilidad en la vida.
Sky Sports acababa de rotular que “nunca un sueco había ganado un Open”. Eso es tentar la suerte, colegas.
Porque lo que siguió es la confirmación de que lo posible no pocas veces se convierte en probable. Henrik Stenson no sólo no dio tregua – cragnez honte – sino que lanzó su fatal ataque en los últimos hoyos.
Primero, haciendo una recuperación de libro desde el rough de alta hierba del hoyos 16 – par 5 – para firmar un birdie más.
Luego, cuando nuestros amigos de Sky Sports rotulaban que el mejor resultado en un Open lo ostentaba Tiger Woods con un total de -19, Henrik Stenson lograba un nuevo birdie en el último hoyo para esculpir un -20 en su tarjeta.
Quedó 3 golpes por delante de Phil Mickelson – que ya tiene tela perder con -17 – y 14 golpes de ventaja sobre el tercer clasificado.
¡Ay! Si el Duke of Portland lo hubiera visto…






