#GoGon, hashtag para Gonzalo Fernández Castaño en el Wyndham Championship
No me da la gana. Así de sencillo: me niego a participar de los cálculos, de los posibilismos, de las elucubraciones. El golf, también el profesional, es un deporte.
Es un juego, en el que ellos ponen preparación y técnica; oficio y tesón, trabajo duro y mente al servicio de unas metas deportivas, en competición con otros. A veces se gana. A veces se pierde. Pocas personas y durante poco tiempo ganan seguido.
A partir de ahí se construyen las leyendas y se encumbran personajes, eso sí, con la única condición de saber que todo éxito es prematuro. Sólo un vida lograda es una victoria permanente. Y si prematura es toda victoria, ¡no ha de serlo cualquier fracaso!
Por eso me aparto de la que hay montada entorno a ese gran profesional, Gonzalo Fernández Castaño, y de su última bala. Incluso en su propia web aparecen esas dos sobredimensionadas palabras: última bala. Con el mayor de los respetos, las considero equivocadas en este contexto.
Es cierto que sólo ganar – o quedar segundo con determinadas condiciones – en el campeonato que empieza el jueves, el Wyndham Championship, le permite conservar directamente la tarjeta del PGA Tour.
Esa es la matemática: para permanecer en el circuito más importante del mundo es necesario estar entre los 125 mejores de la clasificación de la FedEx Cup. Ahora está en el puesto 169 y ya no quedan más torneos que adjudiquen puntos antes del empezar los Playoff de la FedEx Cup. Por eso, sólo con los 500 puntos que se otorgan al vencedor del Wyndham puede dar sin más condiciones el salto en la clasificación y alcanzar la relativa tranquilidad de la permanencia.
Pero déjenme que en vez de esas dos palabras-trampa – “última bala”- tan cargadas de fatalismo y negatividad, traiga aquí para este vital momento del jugador español una sola: se trata de un neologismo creado en su día como un hashtag por Alicia Carriles, esposa de Gonzalo Fernández Castaño: la palabra es #Gogon.
Gogon es un imperativo de ánimo, una palabra-impulso, un oxímoron, una síntesis de evocadores significados: un precipitado compuesto de fe, ilusión, anhelos, esperanza y algunas gotas ardientes de amor.
Sé que el amor no está de moda en algunos ambientes. Obviamente me refiero al verdadero amor y no a sus grotescas caricaturas. Me refiero al amor que se genera en muchas familias que anteponen la victoria del otro al gusto propio, que sacrifican hasta la parte que haga falta de las propias raíces y amarres para volar juntos hasta el designio compartido.
Por eso Gogon suena a lo que es: ¡Vamos Gonzalo!, tira para arriba, estamos contigo tu familia, tu equipo, tus entrenadores, tus seguidores. Gogon es ¡Aúpa Gonzalo!; disfruta con tu trabajo que es nuestro cuando nos dejas. Gogon, sí: porque puedes, campeón, porque sabes y porque quieres. ¡A la porra los cálculos!
No conozco personalmente a Alicia (la única Alicia que conozco es mi terrible tía, impresentable terror del golf y de cualquier lugar donde aparezca); y aunque no la conozco propongo que le asignen un puesto en la Real Academia de la Lengua Española, Sección Creatividad, Letra G de Gonzalo, de Grandeza, de Golf de altura, de Gigante del Gesto valioso. Letra G de Greensboro, donde se juega el Wyndham.
Así que, Gonzalo Fernández Castaño: go. Gogon, y que les vayan dando a los pesimistas, arrastrapies, rompesperanzas, diosecitos de su propia caverna, a los licenciados del ya-lo-decía-yo, y a los linces del se-veía-venir.
Me gustaría contarles algo: Greensboro está en el Estado de Carolina del Norte, al sur de los montes Apalaches. Allí nació la leyenda de los hombre Mirada de Luna.
Los Mirada de Luna fueron un pueblo de hombres pequeñitos que, según la leyenda Cherokee, vivieron una vez en los Apalaches del Sur. Se cuenta que eran muy diferentes a la raza Cherokee: eran barbudos y de piel pálida, del todo blanca. Se les llamaba Mirada de Luna porque eran incapaces de ver la luz del día; sus muy sensibles ojos habían sido cegados por el sol. Por esta razón, eran estrictamente nocturnos y vivían en cavernas subterráneas.
Tal vez la estructura más famosa asociada con los Mirada de Luna está justamente en la frontera de Carolina del Norte con Georgia, en Fort Mountain. El Parque Nacional de Fort Mountain se llama así porque alberga un muro de 270 metros de longitud y de altura variable que se extiende a lo largo de la parte superior de la cresta.
Según la leyenda Cherokee ese muro es una defensa construida allá por el Siglo V, cuando la guerra entre los Mirada de Luna y la vecina nación Creek.
Los pequeños guerreros blancos fueron vencidos y conducidos por los Creek a su patria durante la luna llena. Y ya fuese por la humillación o por la extrema debilidad en que la jactancia sume al guerrero pretencioso, lo cierto es que los Mirada de Luna acabaron ciegos al no poder soportar ni siquiera la pálida luz de la Luna.
Gogon, pues, porque tu victoria principal, la que te sigue permitiendo mirar al sol y sonreír tiene poco que ver con la frivolidad, con el cacareo. Se trata de algo más noble, propio del golf. Y cuando ganes adivinarán porque nada ciega tu rostro.