El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, rompió el estricto protocolo de la llegada de autoridades a la parada militar. Hizo esperar al Rey y a la Reina dentro de su coche oficial. Sánchez llegó hasta la zona de tribuna más tarde que el Rey para tratar de evitar la pitada, pero su plan fracasó. Incluso TVE tuvo que comentar los abucheos.
Cuando los Reyes llegaron ya les estaban esperando la ministra de Defensa, Margarita Robles, seguida tiempo después por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Los tres llegaron a pie hasta la zona de autoridades donde se esperaba la llegada del Rey Felipe VI y la Reina Letizia. Pero el presidente del Gobierno, como era su obligación, no quiso sumarse a ellos.
El Rolls Royce de Patrimonio Nacional en el que viajaban los Reyes, rodeados de la caballería de la Guardia Real, enfiló la Castellana rumbo al sur, hacia la tribuna, a pocos minutos de las once de la mañana. El paso del vehículo, lento para que los ciudadanos en las aceras pudieran verles, saludarles y aclamarlos, se fue ralentizando aún más porque no había llegado el presidente del Gobierno.
El Rey y la Reina tuvieron que esperar un minuto en el interior de su vehículo a que llegara el Audi oficial de Sánchez. Un intento del presidente -cobarde y faltón- por sortear una pitada que finalmente se produjo. Y con gran intensidad, ya que incluso fue comentada por los comentaristas de TVE ante la imposibilidad de ocultarlos.
De esta manera, Pedro Sánchez despreció el protocolo que establece que el presidente del Gobierno debe ser la penúltima autoridad en llegar a la zona, ser recibido por el ministro de Defensa, y juntos esperar la bajada del Rey de su vehículo. Esta vez, fue el Rey quien esperó a Sánchez.
El desfile del Día de la Fiesta Nacional comenzó por lo tanto diez minutos más tarde de lo previsto precisamente por el retraso de Sánchez. En cuanto ha llegado ha bajado de su coche y se ha dirigido hacia donde se encontraban el Rey y la Reina sin saludar a ninguna autoridad. Sánchez tardó tanto que no fue anunciado por la megafonía. Pero pitadas contra Sánchez, aún así, fueron muy intensas en la plaza de Lima.





