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LA FAMILIA HAAS

Estados Unidos gana en la Presidents Cup en una muy igualada edición

La realidad es la que escribe la Historia. También las historias menudas como el enfrentamiento entre el hijo de la tierra y el hijo del Capitán: Sangmoon Bae contra Bill Haas.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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“Encarnizada lucha” titulábamos el sábado. La Presidents Cup, torneo transnacional que enfrenta al Equipo de Estados Unidos y al Equipo Internacional (jugadores australes, orientales y sudafricanos) – explicábamos – no tenía un vencedor indudable. La supuestamente exorbitante superioridad norteamericana no era tal.
 
Pues bien, si eso era cierto en los partidos Fourball y Foursome, en los partidos individuales se ha confirmado con creces. Como es sabido, la modalidad de juego aquí es la de partidos Matchplay. Cada jugador se enfrenta directamente al otro no a un resultado final de golpes logrados (strokes) al final de los 18 hoyos del recorrido, sino hoyo a hoyo.

Quien gana un hoyo se anota un punto. Si se empata el hoyo, ninguno se anota nada. El que gana un partido da un punto a su equipo. Esta es la modalidad de más presión en el golf. En todo momento estás conociendo la diferencia entre tú y tu compañero contrincante. Y si él hace un buen golpe que sitúa su bola cerca de la bandera, no valen especulaciones. Hay que dejar la propia igual o, si puedes, mejor. Pero si el contrincante falla, tampoco es útil dormirse en inconsistentes laureles. Nunca, repito, nunca en Matchplay puede venderse la piel del oso antes de cazarlo. Es sencillo: el partido no termina hasta que se acaba.
 

Este es un tipo de conocimiento estratégico para los capitanes de ambos equipos –Jay Haas y Nick Price – que han de valorar el orden de salida para amedrentar al adversario y proteger a sus pupilos; para atacar y defender. El caso final fue que nada de superioridades abrumadoras. Y para muestra un botón: de los 12 partidos jugados, 7 acabaron en el hoyo 18, y dos de ellos con empate.
 
Otro dato: no ha aparecido en el campo. No sólo porque el resultado final de empate en los partidos individuales (10 ganaron cada equipo y 2 empates) desmiente cualquier expresión en este sentido, sino que analizando los partidos individuales uno a uno, se ve que no siempre ganó quien tiene mejor posición en el Ranking Mundial. El dato es incontestable: de los 12 partidos, sólo en 5 fueron vencedores los mejor situados en el ranking: Dustin Johnson (vs Danny Lee); Hideki Matsuyama (vs JB Holmes); Phil Mickelson (vs Charl Scwartzel); Chris Kirk (vs Anirban Lahiri) y Bill Haas (vs Sangmoon Bae).
 
Y aun en esos que vencieron los mejor posicionados en el Ranking Mundial la victoria fue muy ajustada: excepto Phil Mickelson que terminó su tarea en el hoyo 14. Los otros cuatro no lo lograron hasta el final: Dustin Johnson en el hoyo 17; y Hideki Matsuyama, Chris Kirk, y Bill Haas en el 18. Para mayor escarnio, estos dos últimos gracias a sendos regalos de sus respectivos adversarios entregados en ese hoyo final. El indio Anirban Lahiri falló un putt de un metro y el coreano Sangmoon Bae, atenazado por los nervios, no logró dejar la bola en green desde una distancia de pocos metros, lo que abrió la Puerta del Príncipe a que Bill Haas desde el bunker ganara el green y diera la victoria final a los Estados Unidos por 15,5 a 14,5 puntos.
 
El de Bill Haas contra Sangmoon Bae – el hijo del capitán contra el hijo de la tierra–  era el último partido y hasta que terminó todo estaba en el aire: un postrer dato de la temeridad que supone de hacer pronósticos en Matchplay o pensar en apabullantes superioridades.
 
Lo que si merece un análisis es el que los capitanes dejaran este partido el último. ¿Por qué lo hicieron? En ambos casos hay un elemento común: tanto Jay Haas como Nick Price pensaron con toda seguridad que la victoria – y la derrota – se dilucidarían en lo partidos anteriores. El duodécimo partido no sería nunca el decisivo, porque ganase quien ganase, la victoria habría sido consecuencia de los partidos anteriores que habrían sumado los puntos suficientes para alcanzarla.
 
Nunca esperaron que la última bala fuese necesaria. Ni, por razones diferentes, lo querían. En el caso del Equipo Internacional, porque Sangmoon Bae era la primera vez que jugaba la Presidents Cup, había sido elegido directamente por el capitán y era hijo de Corea, país donde se jugaba el campeonato. ¡Mucha presión!
 
El caso americano, tenía motivos más intensos: Bill Haas, no había llegado a la Presidents por su clasificación, sino que había sido elegido para el Equipo de los Estados Unidos por su padre y capitán en una de las dos plazas de libre elección por el capitán.
 
Sí, Jay Haas es el padre de Bill Hass y su decisión de incluir en el viaje a su propio hijo había sido objeto de críticas en su país. Se entiende que no quisiese, ni por asomo, dejar el honor de la familia Haas en las manos de su hijo bajo la máxima presión.
 
Pero hay que reconocer que la talla del chaval dio la respuesta correcta. La semana pasada asistí al estreno de la película Oda a mi padre– una epopeya histórica de una familia desde los años de la Guerra de Corea a la actualidad. Conmovedora cinta en la que el niño en sus última palabras en la huida promete a su padre que se hará cargo de la familia. 60 años y miles de sufrimientos después, evocando a su padre dirá: “Papá: he cumplido mi promesa. Ha merecido la pena”.
En la película es un coreano. En el campo de golf de Incheon Corea es una americano el que sin duda dirá, “ha merecido la pena”.
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