El Circuito Europeo no juega en Europa hasta el día de san José. Y no he conseguido convencer a mi prima Margarita de que esto lo hacen para festejar mi santo.
.- Tú, querido primo – ha resumido con todo cariño -, o estás tonto o se te ha contagiado la megalomanía adictiva del pequeño Nicolás. El concepto “europeo” está ampliándose – añade diplomática.
Para europeos del golf los ingleses, que en Sun City (Sudáfrica) han copado los tres primeros puestos con un golf extraordinario. Hay que estar muy pendientes de dos jóvenes británicos y de un veterano. Los jóvenes,
Mr. Willett y
Mr. Fisher han lucido un golf ligero, valiente y seguro. Van a estar ahí.
El veterano, Luke Donald, está espectacular y recuerda el que fue Número 1 del Mundo. Tiene un swing impecable que con 69 golpes le puso líder el sábado. Lo veremos en lo alto, a no ser que se vaya de compras más tiempo del debido.
Lo cierto es que aprovechando este calendario y el puente de la Inmaculada – no sé por qué insisten en llamarlo de “la Constitución”: ésta quiere cambiarla un 47% de la población (ver Expansión edición digital del 9/12), mientras que el dogma concepcionista lleva inmutable 160 años, 500 años celebrándola y más de 2000 la realidad que lo sustenta -, digo que, en estos días casi sin golf profesional y con tanta tienda abierta, se ha cernido sobre mi humilde persona la figura de mi terrible tía Alicia dispuesta a gastar parte de su cuantiosa fortuna en regalos para la familia. Será un ogro, pero es nuestro ogro, y cuida de la estirpe con desprendida generosidad comprando montones de cosas perfectamente prescindibles.
En esto de hacer regalos que el beneficiado no va a usar nunca, nuestra tía no hace sino seguir una tradición patria multisecular que extiende su influjo a bodas, bautizos, santos y cumpleaños: ¡cuánta corbata de color imposible!, cuánto perfume inasumible, pañuelo de seda sin blusa a juego, paraguas para veraneantes, gafas sin graduar para miopes, ceniceros para no fumadores y licores para abstemios. Cuánta báscula para tísicos, libros para analfabetos y, en fin, qué cantidad de tiempo y dinero empleado en adquirir para otro un palo de golf que, invariablemente irá a parar al trastero o la zona de “segunda mano” de la prestigiosa tienda de golf de la ciudad.
Pero si golf es golf y regalo es regalo, la familia es la familia y me toca ir de los comercios al portamaletas del Lexus de tía Alicia cargado con paquetes navideños. Mi papel logístico consiste en sonreír y portear; portear y sonreír. No le digo “sí, Bwana” a mi anciana pariente por si se lo toma a mal, pero lo cierto es que me siento como esos humildes seres sonrientes y serviciales que acompañaban a tío Carlos en los safaris por Kenia, cuando al llegar a la granja, la mama le decía “watoto wanawika bwana”, que se puede traducir como “los niños saludan al señor”.
Llevaba un servidor acarreadas el mismo número de toneladas que debe transportar SEUR en un semana, cuando mi adorada tía Alicia decidió visitar la planta de deportes de una conocida cadena de centros comerciales.
.- Oiga joven – me preguntó, una señora que arrastraba una docena de bolsa – ¿es usted de aquí?
Y es que invariablemente, cada vez que acudo a ese centro comercial con mi camisa, corbata y americana, bien peinado y sonriente, todas las señoras deben pensar que soy encargado de planta.
.- A usted se lo digo – insistió la señora de la docena de bolsas -, ¿es usted de aquí?, porque quiero saber donde puedo encontrar un peluche de Bob Esponja.
.- No señora – le respondí con la amabilidad de un encargado de planta -, no soy de aquí: soy de Bilbao, y los peluches están en la octava planta.
La señora se fue la mar de contenta y Margarita me miró la mar de disgustada.
.- Eres de lo que no hay: ¡la octava planta! Si no hay más que cinco.
Finalmente llegamos a la planta de deportes y mientras tía Alicia compraba guantes de boxeo para una sobrina que hace ballet y un esquíes para un tío mío que acaba de abandonar la nieve, yo me dirigí al área de golf; estuve viendo los últimos inventos para el golf: visores de distancia; un wedge de varilla ligera pero de pala consistente, chalecos con calefacción incluida y un montón de cosas para vencer a tanta gente entrenada que quiere ganarme la cerveza en el último hoyo.
Estaba yo haciendo swings de prueba en el fondo de la tienda cuando vi a tía Alicia con el responsable de sección.
.- A ver: póngame ese reloj para mi sobrino.
Pude darme cuenta de que lo que ella llamaba reloj era en realidad uno de esos de pulsera que miden la distancia a green. Parecen en todo un reloj, menos en lo esencial: no dan la hora, dan los metros que faltan.
.- Así llegará puntual a sus citas: ¿no piensas los mismo, Margarita?
.- Claro que sí tía – le oí responder a mi prima favorita, –: a este sobrino tuyo le hace falta “centrarse”.
Luego, volvió su bello rostro todo sonrisa y sin que nadie le viera me guiño un ojo. En ese instante, los zapatos cesaron de apretarme y los pies dejaron de dolerme…