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EL GOLF ES ESCOCÉS ¿O NO?

El defensor del título, Stephen Gallacher, gana en Dubai y prodigio de Emiliano Grillo

El argentino hizo eagle en el último para ponerse líder en el Omega Dubai Desert Classic. Al final quedó segundo en solitario, a un único golpe del vencedor: "vuele, vuele".

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Muchos recordarán aquel hoyo de desempate del Masters de 2013 jugado bajo la fina lluvia de Augusta entre Adam Scott y Ángel Cabrera, y cómo, con el modo usual argentino de hablar en tercera persona al interlocutor directo, el veterano deportista jaleaba a la bola en su trayectoria a green para que llegara hasta la bandera: “vuele, vuele”, se le escuchó decir.
Este domingo, al ver en el par 5 del hoyo 18 del Dubai Golf Club el segundo golpe de su compatriota Emiliano Grillo, nos hemos acordado de aquel “vuele, vuele”, porque vaya si voló su bola: se pasó de green y golpeó con fuerte sonido metálico en el paramento frontal de la tribuna del Hospitality donde bebían Moët Chandon mi prima Margarita y otros invitados ilustres.

El poderoso rebote devolvió la bola al green para que Emiliano ejecutara un hermoso putt de veinte metros, el único eagle del día en ese hoyo y, también, el liderato en Casa Club (-15). De los cinco partidos restantes, sólo tres jugadores tenían posibilidades reales de empatarle y uno sólo de ganarle.
 

Así, Emiliano Grillo fue líder en solitario siete minutos, hasta que el Stephen Gallacher con un birdie en el hoyo 16 le empató, y otros diecisiete minutos colíder hasta que un segundo birdie consecutivo del escocés en el hoyo 17 le daba a éste la victoria, confirmada con un par en el hoyo 18.
Vuele, vuele Emiliano, hasta donde las estrellas le susurrarán que en su corazón laten entremezclados los temperamentos de los dos hijos de Guarán, aquellos que según el mito chaqueño engendraron el Gran Chaco: Tuvichavé el mayor, determinado y corajudo, y el pequeño Michiveva, más pacífico y moderado.
 
Cuentan que cuando murió el padre, ambos hermanos, incitados por Aña, maléfico genio, se pelearon. Compitieron por la primacía en los cercanos cerros y, para ver quien era el más diestro, lanzaron flechas contra un árbol. La de Michiveva, perversamente desviada por Aña, hirió de muerte a Tuvichavé y su sangre roja, tan abundante, formó el río Bermejo. La honda pena por la muerte causada hizo derramar a Michiveva lágrimas con tal profusión que dieron lugar el caudal del Pilcomayo.
 
Vuele, amigo Emiliano, vuele y que su bola repose muchas veces en el próspero Chaco de los greenes de la victoria gracias a su coraje, determinación, serenidad y temple.
Victoria que esta vez ha merecido – y ha sufrido – Stephen Gallacher. Primero habrá que decir que un escocés profesional del golf jugando bien al golf es una redundancia.

¡Pues claro! Es lo mismo que afirmar que una cosa rica con forma de salchicha ha sido elaborada en Frankfurt am Main, o que hay una gitana de la cava jerezana que baila bulerías que te arrebata, o que en el ruedo recita pases un galán de Galapagar que se llama José Tomás que es un gran torero.

Todo eso es obvio. Lo inusual, y sale en el telediario, es una salchicha auténtica de Frankfurt en Mercadona, una bailaora de Tokio llamada Yoko Komatsubara o una iniciativa de toros en Suecia promovida por el torero sueco Emil von Schultz. Conclusión: las autenticas salchichas son de Frankfurt, las bailaoras con ángel de Andalucía, los matadores con arte de España e Hispanoamérica, y los golfistas de nacimiento de Escocia.
 

Vamos, pero si no hay más que mirar la cara de este Stephen Gallacher – cara, por cierto, de acentuado color whisky escocés con agua –, y se lo imagina inmediatamente por su West Lothian natal haciendo swing con el sonajero o lanzando el chupete desde la cuna con perfecta parábola para hacer orinal en uno. O camino de la School con un wedge en la mano, o, más mayor, quedando con su novia Helen, hoy su esposa, en el bar del club después del noble y sano ejercicio del golf. Se ha escrito, y con razón, que las mejores frases a una bella dama surgen espontáneas del alma tras una tarde con media docena de birdies.
 
Bien pues este pájaro escocés, con capilaridad también escocesa tipo link, no es un verso suelto ni en Escocia ni en su familia. El mundo esta poblado de Gallachers, cientos y cientos de Gallachers dedicados casi todo su tiempo al golf, algunos con plus de exclusividad, venga a dar bolazos con el driver, el iron o el sand. Sin ir más lejos, su tío Bernard Gallacher fue en 1969 el más joven representante del Reino Unido en la Ryder Cup, que llegó a jugar ocho veces y de cuyo Equipo Europeo fue capitán otras tres. También posee una prima Kirsty Gallacher presentadora en Sky Sport, venga a hablar de golf, dale que te pego. En fin, es difícil saber si hubiera subsistido el golf sin esta estirpe.
 
Pero a Stephen lo que le importaba hoy no era sus tíos, primas y primos, sino ganarse él mismo la pinta de cerveza y la habichuelas para Jack y Ellie, sus criaturas. Por eso podrá pasar a los anales su triunfo de hoy, recocido de la prodigiosa jornada de ayer en la que se hizo diez golpes menos en los diez últimos hoyos: un par, un eagle y ocho birdies. No debe haber muchas tarjetas en el golf moderno con semejante conteo que le ha valido, al final, para ser el primer jugador en los 25 años del Omega Dubai Desert Classic en ganar este torneo dos veces seguidas. Un portento.
 
Damos el aplauso de cierre al español mejor clasificado, Jorge Campillo, y su -4 que le alzó hasta el puesto 23. Está consolidando su juego y le veremos más veces arriba. ¿Habrá una rama Gallacher en el árbol genealógico del extremeño?
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