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UN SOLO RESPONSABLE

En Cuba juegan a las escondidas con los ojos vendados

Miguel Díaz-Canel, el actual testaferro de los cuatro viejos pánicos que mantienen secuestrado el futuro de Cuba, comentó que "la actual coyuntura es una oportunidad ideal para que los jóvenes se entrenen".

Hechosdehoy / Camilo Venegas
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Tengo que admitirlo, por más predecibles que sean, no dejan de sorprenderme. Otra vez han salido a dar el discurso del sobreviviente. Una vez más, han empezado a buscar culpables en cualquier lado que no sea el suyo. Juegan a las escondidas con los ojos vendados.

 

Son como el hermano más grande de la canción de Silvio Rodríguez (el propio trovador es uno de ellos, dicho sea de paso). Se han hecho viejos, queriendo ir lejos con su corta visión. Por eso, en lugar de señalar a los únicos culpables de que vivan en una prisión en ruinas, señalan a los que tomaron la decisión de escapar y ser libres.

 

No, el responsable de esta nueva crisis (a la que ya han nombrado con el eufemismo de coyuntura) no es Donald Trump, tampoco los que apoyan las medidas tomadas por el presidente de Estados Unidos para evitar que los militares cubanos sigan asistiendo al criminal régimen de Nicolás Maduro.

 

Hay un solo responsable de que Cuba sea un país donde las mujeres no quieren parir, los jóvenes no quieren estar y los viejos no tienen cómo subsistir. Hay un solo responsable de que Cuba, tras el naufragio de la zafra del 70 (¡hace ya 49 años!) se convirtiera en un parásito, primero incosteable y después inviable.

 

En 2006, cuando las tripas de Fidel Castro no pudieron más y Raúl Castro se convirtió en dictador interino, prometió un vaso de leche para cada cubano. Es impresionante que un programa de gobierno tan modesto y aparentemente fácil de lograr, fuera incumplido al cabo de 12 años.

 

Miguel Díaz-Canel, el actual testaferro de los cuatro viejos pánicos que mantienen secuestrado el futuro de Cuba, comentó con satisfacción que “la actual coyuntura (ya dijimos que es su manera de pronunciar la palabra crisis) es una oportunidad ideal para que los jóvenes se entrenen” (sic).

 

Todo el que tenga hijos pequeños, obligados a vivir esa asfixiante circunstancia, como mínimo, debió mentarle la madre. Pero es más fácil y tiene muchísimas menos consecuencias mentársela a los cubanos en el exilio, esos que, de una manera o de otra, acabarán socorriéndolos.

 

Juegan a las escondidas con los ojos vendados. A eso se dedican los sobrevivientes, los que ya no tienen valor de preguntarse a quién en verdad le deben la sobrevida.
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