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Hoy iba a seguir escribiendo a ciegas, sin ver Canal Plus Golf, pero el día 4 de agosto, a las 17:41 horas, cinco días después del apagón, una amable voz de Movistar Plus me dice que me restablecen por un mes Canal Plus Golf. A las 19:42 la llamada es para informarme que lo tendré de modo definitivo. Parece que hubo un error. Disculpas aceptadas. Más vale tarde que nunca. Más vale bien que mal. Y más le valdría a la superplataforma de pago ganarse al resto de sus clientes que todavía dicen por Twitter que a ellos no se lo han resuelto.
Hoy iba a seguir escribiendo a ciegas, pero vuelvo a ver. Y lo que toca, toca y eso es escribir del Bridgestone Invitational.
Comenzando en noviembre y terminando en agosto la temporada del PGA Tour se parece cada vez más al curso escolar, por lo que este Bridgestone se planta como una prueba más – una especie de examen parcial – para aprobar por curso.
Para un jugador profesional es una excelente nota estar entre los 50 primeros del mundo. Es aparecer en la orla, es el honor y, más que nada, la tranquilidad. Un jugador que está en ese grupo, no sólo tiene asegurada la tarjeta de la temporada siguiente, sino que es elegible directamente en los campeonatos más selectos que responde a la etiqueta Invitational.
El Bridgestone es uno de esos premios restringidos y exclusivos. La lista de invitados es más corta que la de la boda de Carlos Felipe de Suecia y Sofía Hellqvist; en esta ocasión 77 jugadores que han sido elegidos por estrictos criterios: los miembros de los equipos de la Ryder Cup; los 50 primeros del Ranking mundial; el vencedor del Bridgestone 2014, los ganadores de una lista de torneos oficiales y poco más. Son la élite del golf mundial.
De esas colección de astros del golf van a faltar: Rory McIlroy, no repuesto de su rotura de tobillo; Chris Kirk , con la mano rota, y Alex Noren que no juega desde que no pasó el corte del US Open.
Y sí estarán dos españoles: Sergio García, como miembro del Equipo Europeo de la Ryder Cup, y Pablo Larrazábal por su victoria en el BMW International Open. ¡Qué bien les vendría un triunfo en Akron (Ohio)!
Pero lo de ganar se está poniendo cada vez más difícil. Aquí ganó el año pasado Rory McIlroy y quedó segundo Sergio García, pero en esto no sirve lo de la posición en la cola. De hecho este es un signo más que distinguen un premio de golf de la cola del pan. Incluso a nuestro bien colocado compatriota podrían decirle eso que me pone a leer mi banquero cuando me trajina para meter dinero en un fondo de inversión que se llama algo así como Millenium Found FI: “ganancias pasadas no garantizan beneficios futuros”, sospechoso aforismo que pone el parche antes de la herida. Luego, cuando sólo me rente un 20% en vez del 30% esperado me dirá aquello de “se lo advertí, señor, no siempre se gana lo esperado”.
La verdad es que no tiene que insistir, porque la realidad imita al golf donde eso se cumple a rajatabla: el magnífico resultado de ayer que me hizo ganar el Martini, no garantiza el Martini de mañana, como bien lo saben mis amigos del partido matutino.
Volviendo al Bridgestone y lo que nos espera desde este jueves, yo sigo viendo bien a Sergio García, no sólo por haber igualado en 2014 el récord del campo con 61 golpes, sino porque este año en el PGA Tour ya ha hecho dos segundos puestos (CIMB Classic y The Players) y en el European Tour, sólo en julio, dos sextos (Omega y 144º Open Championship).
Otros jugadores a seguir son Rickie Fowler, que ha potenciado su juego y viene de quedar segundo este domingo en el Quicken Loan; Justin Rose que las últimas semanas no sabe lo que es salir del Top 10; Danny Willet, nº2 de la Race to Dubai, ganador del Omega European Masters y que peleó hasta el último día por la victoria en el Open, y, por supuesto, Jordan Spieth que está a un sólo punto hacerse con el nº 1 del mundo y presentarse con esa corona en el PGA Championship de la siguiente semana.
Quien quiera emoción y buen juego que se asome a este campo en el que, perdón por el chiste fácil, todo irá sobre ruedas: estamos en el Firestone Country Club.