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Charco Azul y Serafín, un golpe de azar en el parqueo

Tengo de mi primer carro, como de mi primer tren eléctrico, y mi primera novia, recuerdos imborrables. Viajando en él, experimenté la sensación que se produce cuando te das cuenta de que eres libre.

Hechosdehoy / Camilo Venegas
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Mi primer carro fue Charco Azul, un Toyota Corolla del 90 que compré a las pocas semanas de llegar a República Dominicana. Corrían los días finales del siglo XX. En él conocí la fascinante geografía de este país, desde Jimaní (en la frontera con Haití) hasta Punta Cana y por todo el Cibao hasta Dajabón.

 

Tengo de mi primer carro, como de mi primer tren eléctrico, mi primera bicicleta y mi primera novia, recuerdos imborrables. Viajando en él, por las rutas dominicanas, experimenté esa rarísima sensación que se produce cuando te das cuenta de que eres un individuo realmente libre.

 

Cuando lo vendí, mis últimos cassettes se quedaron en su guantera. Siempre que me cruzo con un Toyota Corolla del 90 y de su mismo color, pienso en Charco Azul. Como ayer, en el parqueo de Casa Brugal en Downtown Business Tower, que encontré uno estacionado junto a Serafín, mi Jeep.

 

La historia de mis carros, de mis trayectos dominicanos y, todo sea dicho, de mi libertad, estaba resumida por ese golpe de azar. Aunque sus vidrios eran oscuros, traté de ver hacia su interior. Como Charco Azul, aún conservaba su radio original. A lo mejor en su guantera todavía están mis últimos cassettes.
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