El Ateneo madrileño es una institución cultural con siglos a sus espaldas. En realidad su nombre es Ateneo científico, literario y artístico. No es extraño que, como sucede con los museos, dedique un espacio a un lugar de encuentro como es el bar y el restaurante que toma prestado el nombre de la docta casa.
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Esta vetusta institución ha decidido dedicar una parte de su espacio al ocio gastronómico. Tres espacios, en dos plantas, se han convertido en un confortable y recoleto bar, en un restaurante y un salón comedor para almuerzos y cenas rápidas y también tranquilas, en todo caso desenfadadas. La reconstrucción y diseño de estas tres estancias ha corrido a cargo del diseñador Lorenzo Rosa-Violán. Y la verdad es que lo ha hecho con gusto sacando a los espacios el mayor provecho posible.
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El bar está justo en la entrada, en la calle Santa Catalina. En él se pueden saborear todo tipo de bebidas pero especialmente cócteles realizados con la destreza de un barman que conoce el oficio. En la planta superior está un comedor con paredes de ladrillo visto pintadas de blanco y botelleros que enmascaran las vigas del edificio. Unos buenos y cómodos sofás chester y una chimenea con un falso fuego lo convierten en lugar agradable y acogedor.

Un más amplio comedor termina de definir la nueva experiencia. Choca lógicamente con la vetustez del edificio, que conserva ese pátina que confieren años y que la historia dignifica. No es habitual pero los clientes pueden solicitar un rápida visita por la instalaciones.
De la contrata se ha encargado Casa Mono y la intención, según uno de los socios, Juan Manuel Pérez, es conseguir una cocina de corte sencillo y tradicional a precios asequibles. Quizás ésta sea una de las dos razones por la que comentamos esta novedad a nuestro lectores.

La primera sería por esa conjunción entre institución histórica y restauración; la segunda, por esa tan traída y llevada guerra entre la calidad y el precio. Los platos responden a esa sencillez que a cambio promete buena materia prima. No en todo se cumple el equilibrio, sin embargo la media es satisfactoria.
Se puede comenzar poniendo a prueba la coctelería con un sobresaliente para la caipirinha, confeccionada con una buena cachaça, el buen destilado de la caña de azúcar.
Hay platos para abrir boca; otros más contundentes, pero la mayoría responde a menús pensados para gente que trabaja y gusta de saborear un solo plato o componer un menú que no se haga demasiado pesado.

Así la ensalada marinada de salmón y sardinas. Dos texturas, dos sabores. En realidad son arenques marinados en vinagreta de mostaza. Está bien pero convendría vigilar la acidez debida al exceso de vinagre. Se acompaña del toque verde del "mesclum" En la misma línea está el ceviche de pulpo, tan de moda hoy en cartas. En realidad es más bien un salpicón, y carece de cilantro base aromática de todo ceviche.

El bacalo sobre fondo de salmorejo es una arriesgada experiencia que resulta agradable; bien cocinado y como materia prima de calidad el resultado es armonioso. Algo que a simple vista parecía un peligroso experimento. Y es que el bacalo puede con todo.

Cumple el arroz meloso; resulta agradable la hamburguesa de buey, y los fetuccini Alfredo necesitan un queso de mayor calidad para envolver la pasta.
Lo mejor; la carrillada de ibérico con una salsa bien tamizada. Un guiso de moda y difícil de cuadrar.
La bodega cumple.
El local es atractivo punto de encuentro por los argumentos que hemos explicado, lo que hace la visita interesante.
FICHA
Ateneo
Santa Catalina,10
28014 Madrid
Tel 914202432
Día de cierre:Lunes a sábado de 9 a 14; domingo de 9 a 22 h.
Precio aprox: 25 euros; menú,14.90 euros
Tarjetas: Todas.







