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Ya avisábamos en la primera crónica desde el Open de España que los ingleses eran en Valderrama la primera potencia con 38 jugadores. Ciertamente, entonces no alertábamos sobre la calidad de su juego, aunque sí lo hemos hecho otras ocasiones. Se ve a muchos, bien preparados y con ganas.
Desde este fin de semana está bastante claro que la cosecha británica empieza y tiene pinta de buena añada. En el Open de España jugado en Valderrama, dentro del Top 20, había 7 ingleses por 5 españoles, 3 daneses, 2 franceses, 2 suecos y un representante de cada uno de los siguientes lugares: Alemania, Irlanda, Holanda, Italia, Escocia. Eso sí es diferencia; eso sí te dice que estamos ante una potencia en golf.
Tenemos además que considerar que en la lista de inscritos a este torneo del Circuito Europeo, faltaron, por distintos motivos jugadores de la élite del Ranking Mundial, en cuyo Top 10 hay otros dos ingleses… Es como para que aquí nos lo hagamos mirar: que algún estratega, que algún analista de carreras profesionales nos diga, qué necesitamos para equipararnos en campeones de golf a ese país. ¿Más licencias? ¿Más apoyo institucional? ¿Otros métodos de entrenamiento?
El caso es que entre esos ingleses había un muchacho corpulento, con larga barba descuidada y sin bigote; un jugador que exhibía un armónico y rítmico swing acompasado, como un paso de valet. Ese joven, Andrew Johnston (27 años), anduvo por el campo casi oculto.
Desde luego, no era uno de esos nombres que destellaban al conocer quiénes participarían en el Open de España. Su modesta, hasta hoy, posición en el Ranking Mundial, puesto 233, y su carrera prácticamente ayuna de victorias – sólo dos en el Challenge Tour en el verano de 2014 – lo habían descartado de cualquier opción al título. Era un hombre del montón.
Lo curioso es que las personas no se cuentan por montones, ni en el golf, ni en las otras cosas serias. Por montones se cuentan los cacahuetes, el estiércol, las tonterías; y los niños cuentan por montones las olas del mar y las estrellas.
En golf, como en toda actividad de cierto porte, las personas se cuentan por individuos o por capacidades. O, simplemente, no se cuentan: sólo se observan, se consideran, se aprecian, se acogen.
Y de la neblina malagueña ya surgió la cabeza de este campeón nacido en Friern Barnet con una de las mejores tarjetas de la primera jornada, con 67 golpes, a un sólo golpe de líder inicial. Pero el viento desatado en Sotogrande la segunda y tercera jornadas pareció ocultar entre los pliegues de áspero corcho de los chaparros el juego del joven, y firmó sendos 74, 3 sobre par. Lo mejor para Andrew Johnston al acabar la tercera jornada de vendaval fue que casi todos sus oponentes habían presentado resultados insuficientes para apartarlo de la lucha por el título.
En la ronda final del domingo salió en el penúltimo partido y pudo ir controlando la situación, mientras miraba de reojo lo que venía detrás. Y detrás olían la sangre dos lobos de este campo, el holandés Joost Luiten y el alemán Martin Kaymer. El alemán no hizo ni un birdie en los últimos once hoyos y sí cometió cuatro bogeys; especialmente doloroso el del hoyo 17 donde su gran segundo golpe no consiguió rematar la cuesta hacia el green y rodó marcha atrás para caer al lago.
El holandés tampoco consiguió el birdie en ese hoyo y la puerta se le cerró al errar green en su segundo golpe del hoyo 18. Desde el bunker, en donde yacía la bola, sólo le valía embocar directamente y esos milagros no ocurren en Valderrama un domingo de final de torneo.
La aparente serenidad de
Johnston se basaba en su buena pegada y en cometer pocos errores en los días malos. Quizás lo entrenó en los fríos y duros días de juego en su North Middlesex Golf Club.
Así parecen desvelarlo sus palabras en sala de prensa:
“En este momento todo es surrealista… creo que tardaré una semana en darme cuenta de verdad. Al principio de la semana no jugué bien el entrenamiento, pero el jueves jugué sensacional, sobre todo el corto. Cuando se levantó el viento supe que solo tenía que aguantar porque no iba a haber vueltas bajas, mantenerme con opciones y eso es lo que he hecho”.
Al terminar es de justicia recordar que junto al título del torneo – Real Club Valderrama Open de España – figura un mención “Hosted by Sergio García”. “Hosted” puede significar algo ofrecido, acogido, apoyado, auspiciado y palabras sinónimas de sonora jerga de oficialidad.
Pero déjenme que lo traduzca apelando al sentido humano del término y a su entraña de piedad, compañerismo y sincera acogida. Nuestro mejor español en el golf mundial ha abierto los brazos y ha empeñado, no sólo la ayuda de su fundación, sino su dedicación personal hasta el detalle.
Lean lo que sobre el jugador español ha dicho Andrew Johnston: “No tengo palabras para agradecer a Sergio García su amabilidad. Desde la primera vez venía a saludarme todos los días sin conocerme. Y quiero darle las gracias por ser el anfitrión de este gran torneo en un campo tan fantástico como este”.
Y además Sergio García ha entregado la mejor tarjeta del día: 67 golpes ¡Felicidades por este “Open” bien abierto en tiempos cerrados!