Por vez primera en el país se ha hecho un esfuerzo sensato y correcto para regularizar y controlar el movimiento migratorio de la nación. La base primaria radica en la Ley General de Migración 285-04 y su Reglamento 631-11 del 19 de octubre 2011 y ahora en el Plan Nacional de Regularización de Extranjeros (Decreto 327-13) como la Ley 169-14 sobre el régimen especial de indocumentados.
La Sentencia 168-13 del 23 de septiembre de 2013, el Tribunal Constitucional, dictó los parámetros que deben tener los ciudadanos extranjeros para obtener la ciudadanía dominicana. Hace tiempo que el país requería organizar el flujo migratorio a partir de una política de Estado que guiara las acciones del poder público hacia la aplicación de un sistema de control y regulación del estatus de inmigrantes en el país. Esto es lo que se está haciendo.
En el país conviven una amplia gama de nacionalidades extranjeras. Claro está, y no es un secreto para nadie ni mucho menos para la comunidad internacional, que el principal flujo de inmigrantes proviene de la vecina República de Haití, migración que en sus principios y me refiero a los años de los 50, 60, 70 y 80, venían decenas de cientos de braceros haitianos a realizar labores de recolección y siembra de café, azúcar, cacao, y otros renglones agrícolas.
Con el surgimiento de la industria turística a partir de la segunda mitad de la década de los 80, los migrantes haitianos encontraron otros nichos de labores en el país como, la industria de la construcción y el turismo. Los empresarios y el gobierno han empleado la mano de obra haitiana por ser más barata que la faena local ya que ésta no quería ni recolectar café, ni cortar caña, ni trabajar en la construcción, sino emplearse en el sector informar o cruzar el canal de la Mona para alcanzar Puerto Rico.
Este movimiento migratorio comenzó a empeorar a medida que la situación política y económica en Haití se deterioraba. Cientos de miles de haitianos se vieron obligados a huir despavoridamente hacia otras latitudes, y por ende, cruzar indiscriminadamente nuestra frontera. Cerremos filas ayudando a nuestras autoridades a defender nuestro suelo y prerrogativas soberanas, sin violar los derechos humanos. Al gobierno de Haití, que haga lo suyo allá y la OEA que entienda mejor el problema. Así viviremos en paz.
* Guiliani Cury, economista dominicano, diplomático y consultor internacional. Ha ejercido el periodismo económico especializado. Es además columnista y colaborador de revistas especializadas. Su pasión es escribir sobre los aspectos económicos y sociales tanto en el plano nacional como internacional resaltando las necesidades más ingentes de lo que necesita la gente para su progreso, desarrollo y bienestar.
– Ver en Hechos de Hoy, Puerto Rico, abocado a dolorosas medidas de ajuste por su crisis financiera.







