Por eso le dan más importancia a los símbolos que a la gente. Ni al más despiadado tirano se le hubiera ocurrido aplicar medidas de choque en medio de una situación tan desesperante como la pandemia. El régimen cubano, en cambio, se siente tan seguro de su capacidad de reprimir, que se lanzó a “ordenar el ordenamiento”.
Las elecciones en Estados Unidos eran su luz al final del túnel. Confiaban en que una victoria de Joe Biden devolvería las cosas al punto donde Obama las había dejado. Pero la nueva administración de Washington no parece dispuesta a ceder ni a cometer los mismos errores.
Esa puede ser la explicación de que el castrismo se decidieran a reaccionar y levantar una horrorosa bandera de concreto en el Malecón, frente a la embajada de Estados Unidos. En esa misma avenida, un ícono de la ciudad, se suceden los edificios en ruinas.
Todo el cemento derrochado ahí hubiera significado un gran alivio para muchas familias que están a punto de perder su techo.
Pero advertimos que al régimen le importan más los símbolos que la gente. Aunque es incapaz de gestionar nada con éxito, todavía conserva intacto su talento para erigir los más horrorosos monumentos y para mancillar la belleza de La Habana. ¿Alguien pudiera explicarles que no se puede tapar el sol con una bandera?








