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Los pueblos que custodian cuidadosamente sus hermosas y pequeñas historias son capaces de acometer sin zozobras las grandes hazañas. También quienes reponen belleza nueva donde el tiempo acabó con la que había están en condiciones de avanzar con brío y señalar el camino a los demás. Algo de esto he visto hoy en el comportamiento, admirable pero no sorprendente de Augusta National a propósito del famoso “Árbol de Eisenhower”.
Dwight “Ike” Eisenhower fue el 34º presidente de los Estados Unidos de América desde 1953 a 1961. Durante la II Guerra Mundial estuvo al frente de las tropas de los Aliados en el teatro europeo de operaciones bélicas: las campañas del Norte de África e Italia o el Desembarco de Normandía fueron exitosos avances comandados por el general que, como queda dicho, fue elegido presidente en los cruciales años de la postguerra. Pero, además, el veterano guerrero era también consumado jugador de golf y socio del Augusta National Golf Club.
Como saben los más veteranos, el hoyo 17 de
Augusta tenía a unos 210 yardas de la salida del Masters un árbol, un gran pino taeda (
Pinus taeda), de más de 20 metros de alto y casi un siglo de edad que dificultaba el golpe con
fade, es decir el que saliendo por la izquierda tiende a irse a la derecha. Y precisamente ese era el golpe de
Ike.
Harto de la incomodidad de tanto tronco y ramas, en una reunión de los miembros de Augusta propuso a sus consocios cortar el árbol. A esta pretensión se opuso el co-fundador y presidente del club, Clifford Richards. La tradición, ese vínculo de las personas con sus raíces verdaderas, acabó denominando a ese pino el “Árbol de Eisenhower”.
Este pequeño episodio tuvo lugar en 1956 y ahí habría quedado en el baúl de los recuerdos de un club del estado de Georgia. Sin embargo hay baúles como el de la memoria de la gente que se revisten con nuevos eventos. A veces la Historia se encarga de las historias. Lo que no era sino una petición de un socio más, cobraría notoriedad cuando ese socio prolongó su estancia hasta ocho años en la Casa Blanca.
Posteriormente, en 1969, murió Eisenhower sin que hubiera nuevas demandas de tala del árbol presidencial. Pero lo que no aceptó el co-fundador de Augusta hacer en vida del presidente, se encargó de hacerlo la Naturaleza: en febrero de 2014 una tremenda tormenta de nieve derribó el pino y ya en el Masters del año pasado los jugadores no tenían delante en el hoyo 17 el árbol más famoso del golf.
Por cierto, según informa la página oficial del Masters la desaparición de este árbol no supuso ninguna mejora de los resultados en ese hoyo; de hecho fue el sexto hoyo en orden de dificultad y, siendo un par 4, la media de golpes se situó en 4,24.
Ahora, este miércoles, cuando se cumplen catorce meses de la caída del árbol, Billy Payne, actual presidente de Augusta National y del Masters, ha anunciado que una sección transversal del tronco ha sido preparada entre pantallas de cristal para exhibirse en la Biblioteca Nacional Eisenhower de Abilene (Kansas). Una réplica de esa sección transversal, igualmente preparada entre cristales, quedará en Augusta.
La segunda parte de la noticia es que se están cuidando de que la leyenda siga: dos injertos y semilla del pino original se custodian, conservan y desarrollan para plantarlos alguna día en algún lugar. Es hermoso pensar que podremos tener un descendiente de un obstáculo vegetal tan notable del golf de un presidente.
También es sugerente el especial respeto que tienen los estadounidenses con las figuras y la memoria de sus líderes: eso me parece imitable.
Mientras, este miércoles víspera del comienzo del Masters se ha jugado el concurso de Pares 3 en nueve hoyos que en esta edición lo ha ganado
Kevin Streelman al colombiano
Camilo Villegas en el tercer hoyo desempate. Este encuentro en sólo hoyos de par 3 es otra tradición, como lo es que aquellos profesionales que lo deseen pueden hacerse acompañar por su esposa e hijos que, en ocasiones, dan el último putt de un hoyo.
Todo ocurre en una atmósfera de ingenua y divertida alegría, como de un pic-nic primaveral. La esposas y los hijos acompañan a los jugadores vistiendo el mono blanco que es uniforme de caddies en Augusta, en una relajada jornada antes de hacer frente al primer día del más auténtico de los Masters.
Pero eso será mañana y lo contaré con la pasión que el caso requiere.