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JUNO E IZUMO

Las proteínas esenciales en la fecundación y los misterios en la creación de vida

El mecanismo inicial mediante el cual un óvulo reconoce a un espermatozoide y le despeja el camino de entrada para ser fecundado, deja de ser un absoluto enigma.

Hechosdehoy / Carmen Rodríguez Campos
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El mecanismo inicial por el que un óvulo reconoce a un espermatozoide y le despeja el camino de entrada para ser fecundado y dar comienzo a un estallido de reacciones que provocan la creación de una nueva vida, ha dejado de ser un misterio para los expertos que llevaban años estudiándolo.

Y es que científicos del Wellcome Trust Sanger Institute se encargaron de describir por primera vez cómo una proteína en la superficie del óvulo, a la que han denominado Juno en honor a la antigua diosa romana de la fertilidad y el matrimonio, que interactúa con otra proteína ubicada en la superficie de los espermatozoides, lo que permite la unión de ambas células.

Dicha proteína y su homólogo en el esperma, conocido como Izumo en honor a un santuario japonés dedicado al matrimonio, son esenciales para la reproducción de los mamíferos, incluyendo los seres humanos, según explicaron los investigadores. Hay que recordar que la proteína Izumo del espermatozoide ya fue descubierta por investigadores japoneses.

Y es que, por tanto, el enigma de lo que sucedía en el primer encuentro entre un espermatozoide y un óvulo era, en realidad, una incógnita a medias. Al menos, desde el año 2005 cuando el grupo de japoneses identificaron el ligando en los espermatozoides (la llave) y denominaron a esta proteína Izumo.

Fue entonces cuando comentó la búsqueda de un receptor. Nueva años han tardado en dar con Juno, la denominada cerradura molecular de la superficie del óvulo que permite el acceso del espermatozoide. Se trata del receptor de folato 4 (Folr4). Y es que la tarea para dar con Juno no fue nada fácil.

Los investigadores diseñaron una versión artificial de la proteína Izumo que usaron para emparejarla con moléculas candidatas de la superficie del óvulo. De esta forma advirtieron que Juno interactuaba con la copia de Izumo en la fase inicial de la fertilización, y una vez que lo identificaron, tuvieron que confirmarlo.

El paso siguiente fue desarrollar ratones modificados a los que eliminaron la proteína Juno de los óvulos. Comprobaron que estos roedores de laboratorio eran infértiles y que no tenían capacidad de fundirse con los espermatozoides, por lo que advirtieron que se trataba de una proteína esencial para la fecundación en mamíferos.

“Hemos resuelto uno de los misterios que permanecía durante más tiempo oculto en la biología al identificar las moléculas del óvulo y el espermatozoide que deben asociarse en el momento en el que somos concebidos”, explicaron y añadieron que “es un trabajo realmente bueno que nos muestra un mecanismo biológico desconocido, de elevada calidad y que aporta numerosas pruebas”.

“De momento es verdad que se ha demostrado solo en ratones, y el hecho de que las dos moléculas estén en los gametos humanos no implica que funcione igual”, añade. “Habrá que ver si el procedimiento descrito es tan relevante en humanos, yo voy a tratar de reproducirlo en cuanto pueda”, concluyeron.

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