Así lo determina una nueva investigación que aparece en la revista PNAS que indica que un nivel reducido de glucosa en sangre puede provocar más discusiones de pareja y enfrentamientos. Y es que según los autores del estudio “un nivel reducido de glucosa en sangre puede provocar más discusiones de pareja y enfrentamientos”.
Para llegar a esta conclusión, los expertos realizaron un experimento con 107 parejas casadas durante unos 21 días. Allí midieron el nivel de glucosa en la sangre dos veces al día. Al final de ese período, as personas con menores niveles de glucosa tenían más estallidos de ira hacía su pareja.
El estudio que tardó tres años en realizarse, comenzó con una petición a las parejas participantes para que valoraran frases como “me siento satisfecho con nuestra relación”. Luego, a todos los voluntarios se les dio un muñeco de vudú que representaba a su pareja y 51 alfileres.
Al final del día, durante 21 días consecutivos, los voluntarios debían insertar entre cero y 51 alfileres, dependiendo de lo enfadados que estuvieran con su cónyuge. Además, cada participante usó un medidor de glucosa para comprobar los niveles antes del desayuno y cada noche antes de acostarse durante los 21 días que duró el experimento.
Una vez analizados los resultados se reveló que cuanto más bajo era el índice de glucosa, más alfileres clavaban en el muñeco que representaba a su pareja. Tras los 21 días las parejas tuvieron que realizar la segunda parte del experimento. En esta fase, los voluntarios participaron en un juego en el que se les dijo que iban a competir contra su cónyuge.
Sin embargo, en realidad no era el cónyuge sino un ordenador. La nueva investigación consistía en ver quién era capaz de pulsar más rápido un botón cuando un objetivo de forma cuadrada se ponía rojo en la pantalla. El que ganara en cada una de las 25 partidas podía controlar el volumen y la duración de un sonido explosivo que su pareja escucharía a través de auriculares.
Dentro de los límites éticos del laboratorio, les dimos a los voluntarios un arma que podían usar para molestar a sus parejas con ruidos desagradables. “Hay una clara relación entre los impulsos agresivos, como los que hemos observado con los muñecos, y una conducta agresiva real”, señaló el experto.
Y es que considera que la glucosa es el combustible del cerebro, y que el autocontrol requerido para lidiar contra los impulsos de agresividad y de ira precisa mucha energía. “A pesar de que el cerebro representa solo el 2% de nuestro peso corporal, consume un 20% de nuestras calorías”, concluyó.




