Cada año aumentan las operaciones a las que se someten con el objetivo de eliminar partes del esófago alteradas por cáncer. Por ello, una nueva investigación anunció el éxito de un nuevo injerto que es capaz de reemplazar en roedores el segmento cervical de este tubo. Y es que el experimento fue capaz de soportar el estrés mecánico típico del conducto.
Los encargados de realizar este estudio, los investigadores del Instituto Karolinska (Suecia), implantaron en el esófago de ratas un injerto capaz de resistir el estrés mecánico. “Hemos reemplazado todo el esófago cervical mediante ingeniería de tejidos”, explicó el autor principal del estudio.
Y es que el trabajo supone un nuevo paso hacia el desarrollo de técnicas de bioingeniería capaces de reemplazar esófagos dañados. Cada año, numerosas personas se someten a procedimientos quirúrgicos que eliminan ciertas zonas del esófago alteradas por cáncer, traumas o defectos al nacer.
Asimismo, el grupo de experto aseguro que la mayoría de estos procesos quirúrgicos actuales relacionados con este conducto son complejos lo que pueden provocar complicaciones, como la pérdida de peso e incluso la muerte. Y es que este tipo de intervención se encarga de reemplazar el esófago dañado con partes del intestino o del estómago del afectado.
Así, “un nuevo injerto creado mediante ingeniería eliminaría la necesidad de utilizar tejido del propio paciente y mejoraría los resultados de la cirugía. Muchos de los pacientes que se someten a la cirugía sufren de disfagia (problemas para la deglución) años después de la operación”, explicó el experto.
Los expertos extrajeron un trozo de esófago de un roedor donante. A esta sección se le eliminaron las células, creando un andamiaje biocompatible que retenía las propiedades mecánicas y bioactivas del órgano. “Esta estructura hueca fue sembrada con un tipo de células madre de la médula ósea llamadas mesenquimatosas. En tres semanas se formó el nuevo tejido y este reemplazó el 20% del esófago de la rata receptora perteneciente a la zona cervical”, explicaron.
El grupo de expertos monitorizó las ratas durante dos semanas y, aunque al principio permanecían inmóviles, estos roedores se recuperaron rápidamente y no mostraron signos de dolor, deterioro de la salud, rechazo del órgano ni ninguna respuesta inmune adversa.
Asimismo, advierten que una limitación de este estudio es que el trasplante de solo un 20% de este conducto del tracto digestivo podría no bastar para la práctica clínica, puesto que el éxito del implante debería ser examinado durante periodos más largos.
“Actualmente estamos comparando la dinámica que hay in vivo con las condiciones que creamos en el cultivo celular. Más adelante vamos a investigar la viabilidad de utilizar este método en el tejido esofágico de animales más grandes y en humanos”, concluyó el experto.




