Esta historia empezó en primavera.
Era Abril cuando me encontré a mi primo Álvaro. No es primo directo. Ni siquiera es sobrino de tía Alicia. Mucho menos primo de mi prima Margarita. De hecho, puede afirmarse sin error que físicamente es lo opuesto a la más bella de mis parientes.
Cuando me lo encontré era la una de la tarde. Sus 90 kgs. yacían sobre un sofá cerca del Salón de Juegos de la Casa Club. Estaba solo y abatido como un exdiputado del Congreso al que hubieran dejado fuera de la lista de los elegibles para otra legislatura: los hombros caídos. Las ojeras se desplegaban como un toldo carrillos abajo.
Perlaban su frente gotas de sudor, y eso que venía del vestuario recién duchado. Sobre la mesa baja delante del sofá únicamente le acompañaba una Coca-Cola Zero. Ni Martini, ni aceitunas. Solo él y tejido adiposo que tanto le había costado atesorar. Hallábase todo él replegado como un caracol sin lluvia, mustio cual geranio de la estepa en plena sequía.
Mi perspicacia natural me alertó: estábamos ante un serio problema. Y en estos casos la familia nos apoyamos unos a otros con fervor cultivado desde las Cruzadas.
.- Alvarote, primo, qué bien te veo. Estás como una rosa – le saludé.
.- ¡Ya!- musitó en un inaudible sonido que me desorientó, pues siempre había dispuesto de un vozarrón que en su primera juventud le hacía destacar en los grupos corales de las tabernas bilbaínas.
.- Lo que yo te diga: pareces un gran lobo de mar – disimulé.
.- Querrás decir un besugo oceánico – balbuceó con asfixiada respiración.
.- Pero, ¿estás enfermo?
.- Peor – me soltó- : me he apuntado a “gimnasia específica de golf” y he sido sometido a un insufrible tratamiento.
¿Ven?, algo grave se cernía sobre la familia. Esta es una de las cosas por las que digo que este sujeto, Álvaro, es primo de otra rama: en mi estirpe hacer gimnasia estaba peor que mal visto.
Usted – si usted fuese de nuestro clan – podría hacer esgrima, jugar al polo, al croquet, hacer paracaidismo y, por supuesto, jugar al golf. Pero nunca – y nunca es nunca, como no es no – hacer gimnasia.
Se cuenta que tío Carlos, por no sé qué motivos diplomáticos tenía que presentar en Londres un certificado de asistencia al gimnasio. Pues por dos libras semanales envió a un lacayo segundo a hacer la gimnasia por él. Tío Carlos jamás puso su pies en ese suelo de madera ni cogió una mancuerna (creo que se llaman así): ninguno de sus coetáneos lo hubiera entendido.
¿Por qué? Ni idea. Cosas de familia: los Thyssen coleccionan cuadros, los Von Taxi vehículos, los Medici cadáveres. Nosotros cero gimnasia.
Duro tema el de mi primo Álvaro. ¡Qué se podría hacer!: “dar consuelo al triste”.
Toqué el timbre. Acudió un gentil camarero de los muchos y buenos del bar de la Casa Club; pedí un Martini con Casera. Álvaro se pidió otro refresco sin alcohol y bajo en calorías. Luego, sentado en el sofá de al lado escuché la terrorífica historia de mi primo.
Antes que nada debo advertir a mis lectoras y a los más delicados de mis lectores que lo sigue puede herir su sensibilidad.
En segundo lugar, y por razones de espacio, me veo obligado a sintetizar los motivos que le llevaron a este desgraciado pariente a ponerse en manos de una monitora de gimnasia. Resumo: sobrepeso, colesterol, una miajita de azúcar, fatiga, arritmia, respiración focal (de foca), malhumor, peor swing y hándicap 24,5. Nadie quería jugar con él, ni siquiera sus pulmones.
Bien con estos antecedentes se le ocurrió la idea de hacer caso de un mail de la Dirección del Club por la que se animaba a los distinguidos socios a practicar la gimnasia específica de golf dirigida por una monitora profesional.
Y ahí tenemos al cándido de Álvaro, primo pero menos, haciendo de primo de verdad y cayendo en las redes de la monitora específica.
Pero dejemos que sea la propia víctima quien describa su particular pasión.
-. Primo – comenzó – ¿Tú sabes lo que es el deltoides?
-. Claro que sí: una compañía aérea de los Emiratos Árabes, todo el mundo lo sabe – aventuré yo.
-. Para nada: un cero. Es un músculo del hombro con la función de levantar el brazo.
-. ¡Hum! – asentí yo, comiéndome una aceituna.
-. ¿Y las escápulas? ¿Eh? ¿Qué son las escápulas? – continuó.
-. ¿Unas religiosas de los escolapios? – apunté.
-. Cero patatero. – remató -. Yo tampoco lo sabía. Como ignoraba que tenemos 650 músculos tales como bíceps, tríceps, cuádriceps, isquiotibiales, braquial anterior, supinador superior, glúteo mediano…
-. ¡Alto ahí Álvaro!: cuida tu lenguaje – le corté – en casa hay ciertas cosas que ni decimos.
-. Pues así se llaman y todos ellos me duelen después de la sesión de hoy.
-. Y tú ¿no le has dicho a la monitora que pare?
-. ¡Oh! Imposible: es hermosa y más exigente que un capitán de caballería: no perdona una.
-. Pero esto no puede seguir así – insistí.
-. Ciertamente: cuando estaba a punto de reventar pasando de una serie de flexiones desde bipedestación hasta cuadripedestación hube de decirle que en algunos países y en varias épocas eso estaba penado con años de cárcel.
-. Bien dicho, Álvaro – le animé – ¿Y cesó en la tortura?
-. De ningún modo, primo: se rió y me dijo con candidez que se habían sobreseído todos las demandas interpuestas por otros socios ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) con sede en Estrasburgo.
-. Vaya…parece asunto serio – le consolé-: Y ¿qué piensas hacer? Porque ésta te mata.
-. He pensado – volvió a balbucear – que quizás tú podrías hablar con prima Margarita para que se deshaga sutilmente de la monitora.
.- Por supuesto. Alvarote. Gran idea. Lo que no pueda Margarita…
Esta historia empezó en primavera.
Ahora en otoño, el asunto ha ido a peor. Ando huyendo de Margarita y de Álvaro. La más bella de mis primas no sólo no convenció a la monitora para que cesase en su criminal actividad: se ha hecho fan de ella – si entienden lo que quiero decir -, y me busca con el afán de un converso para que me adhiera a la secta.
Cuando me llamó Margarita y me dijo que ella también iría a la sesiones, me quedé de piedra. Como último recurso para que desistiera quise invocar el principio “no gimnasia” de nuestra estirpe. Y sin titubear sentenció con toda dulzura.
.- Primo: eres más zoquete de lo que dicen de ti en el Club. A ver si te enteras: esto no es gimnasia, es Specific Golf Fitness, SGF en sus siglas en inglés.
Pues a lo mejor tiene razón. Lo cierto es que Margarita está que explota con su driver (ya me saca 30 yardas). Y Álvaro es un atleta de 75 kgs, no tiene ni rastro de cansancio y sonríe todo el tiempo. No me extraña: ha bajado en un mes 4 puntos de hándicap.
Bueno, si sólo es SGF…






