Se llegó a un momento complejo que además preocupa de forma extraordinaria al Rey Felipe VI. No es una cuestión meramente legal sino que traspasa todas las fronteras. Para comprender lo agitado de la situación están los tuits de Josep Antoni Duran i Lleida quien sobre el papel busca erigirse en líder de la centralidad en Cataluña. Escribió lo siguiente en la red de microblogs:
– "Día histórico. El presidente de Cataluña, cumpliendo el programa electoral, convoca la consulta sobre el futuro político de nuestro país".
– "¡Ahora queremos votar!".
Soraya Sáenz de Santamaría, al frente del Gobierno en ausencia de Mariano Rajoy –volando de Pekín a Madrid cuando se produjo la convocatoria de Artur Mas– requirió con urgencia el informe del Consejo de Estado.
En base a este informe, y con Mariano Rajoy en Madrid, se convocará un Consejo de Ministros el lunes. El presidente firmará los recursos ante el Tribunal Constitucional que a su vez celebrará un pleno extraordinario. Se abrirá entonces el momento en que queden suspendidos la ley de consultas y el decreto de convocatoria. Es la versión del desenlace feliz que hace llegar La Moncloa como constató Hechos de Hoy. Pero los tiempos no apuntan a cielos despejados sino tempestades con rayos y truenos.
En su valoración política, Soraya Sáez de Santamaría coincidió con lo declarado desde hace días por Pedro Sánchez, secretario general del PSOE. El paso dado por el presidente de la Generalitat "fractura, divide y aleja". Lo calificó lisa y llanamente de "error". "Ningún Gobierno puede situarse por encima de la ley, ni tampoco transigir con que eso se haga", dijo la vicepresidenta asegurando a la opinión pública que el Gobierno "velará por la pervivencia de la democracia y protegerá la ley y los derechos de los españoles".
Hasta aquí lo sencillo. El movimiento de Artur Mas (en el símil de una partida de ajedrez) fue de jaque. La vicepresidenta respondió moviendo a su vez sus piezas. En ajedrez se abre la posibilidad de tablas cuando los jugadores no tienen piezas (insuficiencia de material); ahogado (no hay posibilidad de movimientos); repetición de jugadas (la tercera vez del mismo movimiento), o cincuenta movimientos sin desenlace.
Sólo hay tres opciones:
a) Una partida que acaba en tablas (no ganó Artur Mas ni Mariano Rajoy). El presidente de la Generalitat podría, lo que no es probable, aceptar tablas y empezar una nueva partida convocando elecciones anticipadas.
b) La segunda posibilidad es la de reajustar sus movimientos y su estrategia para alargar esta partida sin caer en la situación de tablas. Buscaría acabar su mandato con un nuevo gobierno.
C) El tercer escenario es el más inquietante. Salir del jaque intimidando de forma arriesgada y para no aceptar al final el jaque mate, negando la derrota, levantándose y poniendo fin a lo que era una partida de ajedrez tensa pero respetando las formas.
Sería la hipótesis de avanzar a la celebración de la consulta del 9 de noviembre. Faltan en este momento 42 días. Si Artur Mas opta por esta tercera opción -responder a la respuesta del Gobierno aparentemente retrocediendo para avanzar en tromba, sorprender y chocar- sería una crisis sin precedentes en la democracia española poniendo en juego la sagacidad de Felipe VI.







