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INSPIRACIÓN DE LA BELLA DAMA

Hideki Matsuyuma (-23) vence inapelable en el WGC HSBC Championship

El torneo jugado en Shanghái ha sido un merecido premio para el japonés. Sergio García (-12) noveno y Rafa Cabrera Bella (-6) décimo noveno tuvieron una gran actuación.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Si viajas a Japón puede sorprenderte escuchar “en Ehime hay amor”. Se alude con ello a la calidez de las personas que lo habitan. Si la finura japonesa tiene un lugar donde destila más dulzura es esta porción de la sureña isla japonesa de Shikoku.

“Ehime es uno de los destinos turísticos más populares en Japón, bendecido con un entorno natural y un patrimonio cultural, que incluye Dogo-Onsen, el balneario termal más antigua de la nación. El clima es templado durante todo el año, y la gente es amable y te hacen sentir como en casa”. Eso quiere evocar la frase “en Ehime hay amor”.

Y en Ehime nació Hideki Matsuyama, profesional de golf con el mismo apellido que el nombre de la capital de la isla donde vio la luz primera.

No sé si se han fijado en sus maneras en el campo de juego. Su stance con piernas más abiertas de lo común, sobre todo en el putt, le hace distinguible a decenas de yardas. Viste habitualmente de colores claros, aunque nunca le he visto de color amarillo, que como dice un amigo de mi Club “qué sería de las personas de mal gusto si no existiese el amarillo”.

Su swing muy trabajado recorre un amplio arco siempre igual y, por lo demás, no es de los jugadores que destaque por nada diferente a su origen: si Matsuyama fuese de Coria y no de Ehime, usted ni se enteraría de que anda por el campo.

Por supuesto que no grita – ¡faltaría más! -, ni hace aspavientos. Si usted le mira a la cara después de que él ejecute un golpe, no sabría adivinar si la bola ha ido bien, mal o regular.

Para alguien poco sensible sería un personaje soso, pero soso de verdad. Sin embargo en una cultura milenaria como la japonesa y en un país tan poblado, la historia, la educación familiar y las costumbre sociales invitan al autodominio, a la reserva: a guardar para uno las emociones.

Hideki Matsuyama es en su trabajo – en el campo de golf –como los patos: su cara, su cabeza parecen estar ausentes del destino, pero sus piernas, su swing y sobre todo su voluntad se mueven en la dirección proyectada.

En una vida anterior en una multinacional de la automoción, conocí un alto directivo, paisano de Matsuyama, que tenía el mismo comportamiento de tensión interior, impavidez exterior y productividad ejemplar. Ciertamente antes que una persona que hace el ruido de diez pero el trabajo de uno, es preferible este modelo: personas que hacen el ruido de uno pero el trabajo de diez.

Y de diez es la nota de Hideki Matsuyama de los últimos meses. En la pasada temporada del PGA Tour, tras ganar en julio en el playoff a Rickie Fowler el Waste Management Phoenix Open, todavía incluyó en su números otros tres Top 5.

Ahora, empezada ya la nueva temporada del circuito americano, en sus dos primeras intervenciones ha conseguido un segundo puesto la semana pasada  (CIMB Championship) y un primer puesto este domingo: el World Golf Championship HSBC Champions.

Este “Champions” y este “World” nos indican que allí, en Shanghai (China), sólo estaban los mejores; concretamente los 78 mejores. Y un japonés, silencioso como la brisa, potente como el volcán del Monte Fuji y preciso como los relojes criogénicos de redes ópticas es capaz de ganarles a todos de corrido. Lo ha hecho sin despeinar su indómito flequillo azabache.

Hideki Matsuyama (-23) puso tierra por medio con una diferencia de siete golpes sobre los dos segundos, Henrik Stenson (-16) y Daniel Berger (-16), y ocho sobre otros dos campeones, Rory McIlroy (-15) y Bill Haas (-15).

La presencia española no defraudó: Sergio García (-12), 9º y Rafa Cabrera Bello (-6), 19º, dieron la cara sin complejos.
Pero volviendo al campeón japonés, el triunfo es un premio merecido a su tesón y calidad. Cuando envió el último putt al fondo del hoyo había completado 45 hoyos seguidos sin errores y sumado 15 birdies: desde el comienzo de la segunda vuelta del viernes no falló en ningún hoyo hasta culminar su gran victoria del domingo.

Quizás estaba escrito. Acaso la pluma de sus pasos sobre la hierba china había compuesto un poema. Vaya usted a saber qué late en un corazón un día de victoria tan anhelada.

Un vez declaró: “me encanta la lluvia, me encanta absolutamente. Aún no siendo espiritual al respecto, siento sin embargo como si fuese el modo en que Dios lava las calles y refresca todo de nuevo. Porque eso es lo que sucede en el área de la bahía, cuando tenemos una gran cantidad de lluvia. Las calles están limpias, impecables”.

Y  en sus rasgados ojos brillaba, a lo mejor, una remota emoción avivada por el recuerdo de la “bella dama”, que eso significa Ehime.

Rain and Tears que cantarían Aphrodite’s Child.
 

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