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NUEVE AÑOS DESPUÉS

Davis Love III, ganador en 1992 y 2006, triunfa de nuevo en el Wyndham

Tiger Woods, Gonzalo Fernández Castaño, Martin Kaymer, Cameron Percy, Justin Leonard o Ernie Els se han quedado fuera de los 125 primeros puestos que dan derecho a jugar los Playoff.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Davis Love III, el que fue capitán del Equipo de Estados Unidos en la memorable edición de Medinah, y que volverá a serlo en 2016, ha dado una lección de golf pleno a sus 51 años y 4 meses. Digo lo de golf pleno porque este deporte es algo más y, sobre todo algo diferente, a dar golpes largos o incluso habilidosos. Lo de “pleno” hace también relación a un saber estar en el campo. Y saber estar es saber vestir, saber perder, saber equivocarse, saber ganar, tener educación y desenvolverse en estos retos como un caballero. O como una dama.
 
Lo de la edad de 51 años es importante sobre todo para él. Y para los seniors: toda esa tropa de gente – profesionales y amateurs – que llevan jugando temporadas y temporadas, y que son conscientes del aumento exponencial de las dificultades para ganar trofeos según pasan los años. Bravo por los seniors y felicidades para Davis Love que nueve años después se hace con el Wyndham Championship y se convierte en el tercero de mayor edad en ganar un torneo del PGA Tour.
 
Por el camino se ha quedado Tiger Woods, al que un inesperado triple bogey le sacó de los puestos de cabeza. Además del ex nº 1, también se han quedado fuera de los 125 primeros puestos que dan derecho a jugar los Playoff grandes jugadores como Gonzalo Fernández Castaño, Martin Kaymer, Cameron Percy, Justin Leonard o Ernie Els.
Entre los que se han salvado están el colombiano Camilo Villegas, el japonés Ryo Ishikawa y el sueco Jonas Blixt.
 
Pero volviendo al héroe del día cabe destacar los dos eagles que hizo en la última jornada y la simplicidad de un swing que le permite no cometer los terribles errores en que incurren otros más jóvenes que él, tentados muchas veces a pegarle más fuerte. Las tarjetas de los cuatro días de competición del campeón muestran un fabulosos resultados 64-66-69-64.
Sobre todo este último resultado inoculó un virus de impaciencia en los jugadores que iban terminando después de él. Davis Love III se comía una barrita energética en Casa Club, más tranquilo que un oso en estado de hibernación con su mejor tarjeta, -17 en total, mientras su directos adversarios tenían que lograr ese resultado. Y uno tras otro iban cayendo: Ryan Moore, Charl Schwartzel, Paul Casey no lograban el birdie que les hiciese igualar el que fue definitivamente el mejor resultado final.
 
Davis Love III alcanza con ésta su victoria número 21. También logró reforzar su prestigio como capitán ante un entusiasmado público local. Un golpe de autoridad y un sereno “señores aquí me tienen”, parecían manifestar sus buenas maneras, no exentas de cierta exquisita emoción contenida.
Su porte, su modo de caminar pausado y con la mirada en lo alto, en la tercera rama del olmo junto al green, podrían engañar a alguien y hacer pensar que es un personaje altanero.

No es así; cuando la Tragedia de Medinah (en Europa el Milagro de Medinah) se cernió sobre el equipo de Estados Unidos de la Ryder Cup que el capitaneaba, en la soledad del hotel, esa misma noche escribió unas páginas de hombría, lealtad y humilde aceptación de la propia responsabilidad. Son letras que podrían enseñarse a muchos antes de darles la licencia para el honorable placer de salir con una bolsa de palos a un campo de golf. El texto es largo y puede encontrarse en Internet.
 

Hay uno o dos párrafos que muestran el alma y el ánimo de un luchador honorable. Les dejo sólo éste:
 “Para mí, una gran parte del trabajo del capitán es ayudar a que la gente tenga una semana de ensueño. Una parte grande del trabajo del capitán es poner en un programa de televisión que haga que la gente quiera asumir este gran juego. La mayor parte del trabajo del capitán es ganar, y perdí. Puedo vivir con esa frustración sólo porque sé que otras cosas las hice bien. No es que vaya a ser fácil. Una cosa que sé – que todos conocemos – es que la Ryder Cup de golf no es la vida y la muerte. Todos sabemos lo que es la verdadera angustia”.
El habrá podido en su partido del domingo en Greensboro recordar esta carta y olvidar angustias y malos momentos. Es hermoso vencer. Y es más hermoso vencer cuando la victoria sobreviene, inesperada, en la cuesta abajo de la vida deportiva, a los cincuenta y un años. 
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