Artur Mas explicó en la mañana de este martes los asuntos que se debatieron en la larguísima cumbre de Pedralbes, de ocho horas. Marcó la ruptura del pacto de hierro de los partidos políticos a favor de la consulta soberanista del 9 de noviembre.
Es un nuevo escenario en el que Artur Mas cambió el referéndum por una encuesta apuntando a que la verdadera votación será en unos comicios que pretende plebiscitarios. Mariano Rajoy, en el encuentro del Financial Times, valoró la renuncia al referéndum, desautorizado por el Tribunal Constitucional, y espera que ahora se abran vías de diálogo. El escenario es complejo y se presta a análisis muy diversos, entre lo serio y lo frívolo.
Si el presidente había convertido todos estos días en un ejercicio de proyección de su autoridad, el lunes se plegó. Anunció que descarta celebrar la consulta el 9 de noviembre tal como la tenía prevista en el decreto de convocatoria suspendido por el Tribunal Constitucional. Planteó una alternativa, de referéndum a una encuesta. Y luego, en segundo paso, unos comicios plebiscitarios, es decir, con una única lista.
La tercera reunión con los partidos políticos fue la de la tensión y el desencanto aunque Artur Mas trató de evitar el ambiente dramático, buscó una cierta intimidad y que no hubiera presión de los medios. El presidente de la Generalitat estuvo acompañado de la vicepresidenta Joana Ortega y el consejero Francesc Homs. A la cumbre de Pedralbes asistieron los líderes de CiU (Jordi Turull y Ramon Espadaler), ERC (Oriol Junqueras y Marta Rovira), ICV-EUiA (Joan Herrera y Joan Mena) y la CUP (David Fernández e Isabel Vallet).
La nueva iniciativa de Artur Mas, que expuso en su mensaje del Palau de la Generalitat, supone una encuesta con urnas. "Estamos dispuestos a hacer la consulta el 9-N: mantendremos locales abiertos, habrá urnas y papeletas y toda la población mayor de 16 años podrá votar", anunció. Añadió que "la consulta no será la definitiva". En su mensaje calificó además al Estado como "el adversario real y poderoso, porque niega la posibilidad de votar y ser consultado como pueblo". Añadió por último que la solución pasa por unas elecciones con lista y programa conjunto.
Pero también reconoció que no cuenta con el apoyo de Esquerra Republicana para unas elecciones con una lista conjunta. Es un choque grande -como informó Hechos de Hoy– porque Artur Mas tuvo que reconocer que no tiene la garantía de poder aprobar los Presupuestos de 2015 con Esquerra Republicana, su aliado en el Parlamento de Cataluña en los últimos dos años. Una crisis por tanto compleja y difícil que no debería admitir una mirada simplista ni en Barcelona ni menos en Madrid.







