Tenía muchas ganas de poder publicar este post ya que me siento cerca de todos vosotros cuando lo hago y sigo firme en mi compromiso de ir contando el progreso del proyecto así que vamos allá.

Os decía en el último post de este blog que se había puesto la primera piedra, ¿no? pues bien, ¡ya se han empezado a poner los primeros ladrillos! Me emociono sólo con escribirlo. En una de las partes me llegan a la altura de la barriguilla pero todavía queda mucho por hacer.

Los problemas siguen llegando de todas las direcciones (como siempre). Uno de los más preocupantes que estoy encontrando en la obra es la escasez de materiales. Cada cosita es un mundo y va a tocar salir a buscarlos lo que significa muchos kilómetros y nuevos quebraderos de cabeza.

Este proyecto Mzungu es toda una aventura. No os miento si os digo que me voy a la cama cada noche con la cabeza embotada pero aquí no viene uno a rendirse sino a encontrar soluciones venga lo que venga (y a lucir el moreno de camionero lo más dignamente posible).

Que Murphy era congoleño es algo que tengo meridianamente claro pero cuando veo los ladrillos puestos y a los niños sonrientes por allí esperando a que se termine, se me borra lo malo de la mente y sólo veo lo bueno. Da gusto saber que sus sonrisas son inagotables.

No os podéis ni imaginar la cantidad de idiomas que escucho a mi alrededor durante el día. Alur, lingala, swahili, francés y otros tantos. Aquí, el que menos, habla cuatro y es en plan “jo, que pocos hablas…”. Mi francés no es ni de lejos bueno pero ahí me defiendo porque no me queda otra y de vez en cuando me estiro con alguna frase en lenguas locales. Se parten de la risa pero lo agradecen.

(Carajo, me acabo de dar cuenta de que se ha puesto a llover mucho y tengo los zapatos fuera. Ya vengo… (38 segundos más tarde) ¡¡puf!! ¡empapados! ¡¡¡y eso que estaban bajo techo!!! si es que aquí llueve a veces en horizontal… que alguien me lo explique… En fin, es lo que hay…)

Las dos personas que me acompañan, David y Sergio, se van adaptando al entorno y alucinan con todo lo que ocurre, claro, pero lo están llevando bien y están siendo testigos del acontecer diario. ¡Disponen de grandes dosis de paciencia!
Hoy por fin os puedo poner fotos de la obra y otras varias para que os hagáis una idea de cómo es todo esto. Espero que os gusten.

No obstante, si queréis saber cómo vivo yo África cada día aunque sólo sea un poquito, intentad lo siguiente: Poned, si os apetece, la canción Voices de Dario G (la versión que empieza muy despacio que es la original creo) (también puede servir otra que empiece lenta y luego se anime o sin música) y cuando comience cerrad los ojos. Imaginad que estáis de pie sobre un camino de tierra marrón no muy ancho que se extiende hasta el horizonte. A ambos lados hay maleza de color verde, alta, como a la altura de vuestra cintura. Hay algunos árboles y un par de chozas con el tejado de paja dispersos a lo lejos y el resto de la imagen es un cielo de un azul intenso.

Extended los brazos hasta tocar la maleza con la yema de los dedos y empezad a caminar despacio. Vuestros ojos apuntan al cielo y cada respiración es un regalo de aire puro. Cada vez vais más rápido y los zapatos se van cubriendo de barro, ya estáis corriendo, un niño os saluda sonriente del lado derecho, seguís corriendo, una anciana mujer os mira con curiosidad por la izquierda y vuestros zapatos ya están llenos de barro, los pies os pesan mucho pero cada vez vais más rápido siendo conscientes de que, de alguna manera, jamás habíais dado zancadas tan largas y de que el cielo no os había abrazado nunca de esa manera.





