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SORPRESA

Timor Oriental: mezcla de culturas, mosquitos tigre y acoso indeseado

Fue colonia portuguesa y está inmerso en Indonesia; es la mitad de una isla compartida con este país; cerca de la gran isla de Papúa y no muy lejos de Australia. Aún así, aporta su propio carácter.

Hechosdehoy / José Antonio Ruiz
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A veces nos ocurren cosas que van más allá de lo que podríamos esperar en un viaje. Eso es lo que me pasó a mí en Timor Oriental (o Timor Leste). Llegas tan tranquilo y te encuentras con una situación de esas de: "¿Pero qué está pasando aquí?".

Seguro que a muchos de vosotros no os suena este país. Por un lado, es reciente su independencia (1975 de Portugal y 2002 de Indonesia) y, por otro, es difícil hasta de localizar en el mapa. Abrochaos los ojos que dejamos las paradisíacas playas de Aitutaki para irnos a lo más profundo del Sudeste Asiático.

Comenzaré por contaros lo variopinto del lugar. Es una mezcla curiosa de gentes, idiomas y arquitectura. Por un lado fue colonia portuguesa y, por otro, está inmerso en Indonesia. Más concretamente es la mitad de una isla compartida con este país. Cerca de la gran isla de Papúa y no muy lejos de Australia. Aún así, aporta su propio carácter.

De hecho, yo crucé parte del Pacífico Sur (allí me encontraba en ese momento) y toda Australia para llegar a tan remoto lugar.

Fueron tantos vuelos a horas inconvenientes y alguna que otra larga escala que llegué sin dormir. Estaba muy cansado y eran las 9:00am cuando llegué a mi hotel. Mi intención era echarme una siestecilla y salir a descubrir tan ansiado destino.

Todo parecía normal. El director del hotel me acompaño a la habitación pero le dije que era muy oscura y que viéramos otra. Cuando llegamos a la segunda, el hombre este empezó a comportarse de forma algo extraña y a preguntar muchas cosas. La conversación fue algo así. Al loro:

Director Extraño: "Y… ¿de dónde vienes?".
Yo: "De España…".
Director Extraño: "Ah… mira tú… Y… allí en España… ¿Estás casado?".
Yo: "Pues no…". Error, craso error…
Director Extraño: "Anda… debes de tener muchas mujeres…".
Yo: "Pues no, la verdad…". GRAN ERROR… Debí añadir: "Aunque con una buena sería suficiente…".
Director Extraño: "A lo mejor hombres… un chico tan grande como tú…".
Yo: "Perdone, ¿Cómo dice?".
Director Extraño: "Seguro que todo es grande… mmm… ¿Cómo la tienes?". En ese momento se puso la mano frente al paquete y empezó a marcar diferentes puntos incrementando la distancia con respecto al mencionado paquete mientras decía: "¿Así? o… ¿así? o quizás… ¿así de larga…?".

Yo no daba crédito a lo que estaba escuchando y los pezones se me metieron hacia adentro. Mi instinto de supervivencia me hizo espabilarme, pegarme a la pared y olvidarme de la siesta. ¡Sólo me faltaba sufrir un asalto mientras roncaba!

Mis últimas palabras fueron: "Mire, creo que esta conversación es poco apropiada… y me acaban de entrar unas ganas de salir a descubrir su maravilloso país que no puedo esperar… ¡¡Cómo revitaliza este aire!!".

Y como llegué, me fui. Y tan despierto estaba que, efectivamente, me fui a descubrir Dili, la capital. Yo respeto las inclinaciones sexuales de todo el mundo pero… ¡aquello fue un acoso en toda regla! Ahí queda eso…

Dili, y Timor Oriental en general, ofrece sensaciones diversas (bueno, ya lo habéis visto…). Mercados al estilo indonesio con sus pegajosos olores y gente sonriente, decadentes edificios portugueses cubiertos de maleza y unas playas fantásticas. Además, tiene un buceo de decente calidad.

Esa fue una de las actividades que hice aunque en una de las inmersiones estuvimos perdidos en el mar un buen rato. Afortunadamente no estábamos muy lejos de la costa y asomábamos la cabeza como las focas para orientarnos.

Me recorrí buena parte de la isla con un taxista muy simpático. Vimos desde coches totalmente calcinados en medio de la carretera hasta monumentos al más puro estilo Corcovado de Río de Janeiro y unas playas desiertas que quitan el hipo.

Una de las cosas de las que estaba bastante pendiente era de la abundancia de malaria en la región. No dejaba de ponerme repelente de mosquitos pero hubo un momento, al salir de bucear, en el que vi como un mosquito tigre se posaba en mi hombro y, aunque le pegué un manotazo que me dejó marca un par de días, me llegó a picar. Yo pensé: "Bueno, es un mosquito de dengue, no de malaria… no passssa ná…".

Cuando volví a Darwin en Australia, conocí a un kosovar que vivía en Dili y que estaba pasando unos días de vacaciones. Mientras nos tomábamos una cervecita le pregunté por la malaria en Timor y me dijo: "¿Malaria? no, no mucha… pero dengue ¡ojo con el dengue!" Me chafó el día… pero pasaron los días y, por suerte, no me dio ningún jamacuco.

En definitiva, mucho contraste, muchos recuerdos y, como ha quedado patente, un indeseado pretendiente.

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