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Unas veces imita a Cepero Brito, otras a German Pinelli. Cada noche repite una frase de Consuelito Vidal como si fuera suya. Llegado el momento, se transfigura en Rafael Serrano, el tétrico presentador del noticiero de la televisión cubana. Tiene mil caras, pero un solo nombre: Roberto Cavada.
Llegamos casi juntos a esta media isla. Durante un tiempo nos prodigamos esos abrazos solidarios que se dan los que comparten la condición de exiliado. Hasta un día, que me invitó a un desayuno que en realidad era una encerrona con una agente cubana para "regañarme" por mis opiniones sobre la realidad de mi país.
Crítico, mordaz y temerario cuando se trata de la democracia de República Dominicana. Complaciente, benévolo y cobarde cuando se trata de la dictadura de Cuba. Con esas dos posturas a mano, se para todas las noches frente a las cámaras.
En los últimas semanas, durante la lucha del pueblo venezolano por recuperar su libertad y librarse de la injerencia, el saqueo y la represión cubana, Cavada ha sido el hombre de la dictadura de mi país en Santo Domingo. Basta revisar sus cuentas en las redes sociales para comprobarlo.
Retuiteando a esa fábrica de
fake news que es la agencia rusa RT, compartiendo cada falacia de
Díaz-Canel o
Bruno Rodríguez y, sobre todo, haciendo lo indecible por enaltecer a
Nicolás Maduro y deslegitimar a
Juan Guaidó.
Conociéndolo como lo conozco, he tratado de ignorarlo. No siempre lo logro, a veces no puedo resistir la tentación de responderle.
Hay que tener fe, como bien decía Consuelito Vidal en aquel anuncio de jabón Rina que él tanto repite. Todo llega. Espero no perderme su cara el día que la dictadura de Cuba caiga. No soy nada rencoroso pero sí muy curioso, me encantará ver en qué bando acabará reacomodándose.