Mariano Rajoy es un hombre de mañanas y no de atardeceres. Estuvo más directo y puntual en sus reacciones y reflejos con Susanna Griso desde las nueve de la mañana -en casi una hora de entrevista de ritmo intenso- que en el plató de 13tv por la noche con Antonio Jiménez (ver en Hechos de Hoy, Mariano Rajoy del plató de 13tv a declaraciones a Susanna Griso en Antena 3).
En una austera Moncloa, de puertas abiertas, Mariano Rajoy habló a Susanna Griso como líder del Partido Popular (PP), presidente del Gobierno en funciones y ser humana. Aseguró que el acuerdo del Partido Socialista (PSOE) y Ciudadanos no supone a su juicio un pacto de gobierno ni de investidura -aunque pueda ser ampliado a Izquierda Unida, Compromís y el PNV-.
Subrayó que no se ha producido una crisis en su relación personal con el Rey Felipe VI ni que haya una crisis de sus asesores y su entorno de La Moncloa con La Zarzuela. Razonó su decisión de evitar una primera investidura fallida. Apuntó de nuevo a Pedro Sánchez y su cerrazón total al diálogo con el PP. Y negó que existan en estos momentos presiones del IBEX 35 (las empresas que cotizan en la Bolsa de Madrid) para cambiar el voto del PP o incluso forzar su retirada. E insistió en que los españoles se pronunciaron en las elecciones por el pacto y no por el cambio (la tesis de Pedro Sánchez de "cambio progresista").
Susanna Griso indagó a fondo en todas las cuestiones. Lo hizo de forma elegante y a la vez precisa. Mariano Rajoy negó un ambiente de cajas en La Moncloa y de despedida. No cree que Pedro Sánchez consiga la investidura en las dos votaciones. Y apuntó que se abrirá un nuevo ciclo en el que, si el Rey se lo propone, intentará construir una gobernanza entre partidos que tienen una línea común en la defensa de valores y principios –PP, PSOE y Ciudadanos-. Trabajará activamente en esa dirección.
Pese a sus comentarios a David Cameron de posibles nuevas elecciones en España, dejó también puertas entreabiertas de buscar en todas las direcciones mimbres de acuerdos. Si al final él mismo fuera el obstáculo, quedó la impresión de que podría ceder el testigo de la presidencia siempre que sea un gobierno liderado por el PP.
No tiene la impresión de que el PP esté bajo la maldición de UCD de romperse en clanes. En el caso de Rita Barberá, cuya cabeza se reclama, insistió en esperar a que se la acuse formalmente. No tiene dudas de la batalla política que hay en Valencia. Sobre Esperanza Aguirre discrepó en que su dimisión sea una lectura política para él. Sobre la corrupción política cree que la justicia se aplica bajo el princiupio de todos iguales ante la ley.
Recibió con dos besos a Susanna y la despidió con un saludo cordial. En el Rajoy más intimo -mucho más que en sus confesiones a Bertín Osborne- dejó la satisfacción que siente de haber servido con lealtad y eficacia a su país. Y de la crueldad con que ha recibido él y su familia el ser declarado persona non grata en su ciudad, Pontevedra. Sobre el futuro inmediato, piensa que está por escribirse en un momento de España que exige templanza y responsabilidad. Su elogio al Rey Felipe VI fue muy firme.
Como frase quedó su sentencia de “ni siquiera Hitler o Stalin son declaradas personas non gratas en Pontevedra”. “Me ha dolido mucho y me tengo que fastidiar y me fastidio”, reconoció y afirmó. En las redes sociales, siempre con su perfil ácido, en primer plano el gazapo:“Somos sentimientos y tenemos seres humanos”. El lapsus del presidente del Gobierno en funciones en Espejo Público se convirtió en fenómeno viral.






