Leung Chun-ying puede ser un cadáver político en Hong Kong y trata de morir matando, o existe un cambio en la estrategia de China.
Desde Pekín la perspectiva parecía apuntar a la caída de Leung Chun-ying, el poder ejecutivo con mamo férrea en la metrópoli que es un símbolo y una prueba para China. En Hong Kong, analistas apuntaron a Hechos de Hoy que la mejor salida para Pekín es sacrificar al primer ministro hongkonés y desactivar la protesta de exigencia de democracia plena.
Para Pekín, la dimisión de Leung Chun-ying supondría al menos ganar tiempo. Sin embargo el primer ministro sorprendió en un mensaje a la metrópoli asegurando que hay "fuerzas extranjeras" alentando las protestas. Leung insistió em que "fuerzas extranjeras" han apoyado al movimiento juvenil, alentando las masivas protestas prodemocráticas, que cumplen 23 días.
En una entrevista en televisión dijo que la revolución de los paraguas "no es del todo un movimiento interno, y fuerzas extranjeras están involucradas", aunque se negó a dar detalles o nombrar a los países que pensaba que pudieran trabajar como valedores de las protestas. Sus palabras podría haber supuesto un giro por parte de China para apuntalar su figura y aludir cada vez más directamente al Reino Unido y también en parte Alemania.
Uno de los rostros de esta protesta, Alex Chow, secretario general de la Federación de Estudiantes, acusó a Leung de lanzar una acusaciones y comentarios "irresponsables". Este giro se produce en vísperas del primer diálogo entre la Administración y manifestantes, y con una situación de casi un mes de ocupación en numerosas calles de la isla. En el distrito de Mong Kok, situado en la península de Kowloon, se vivieron en el fin de semana los peores enfrentamientos entre policía y manifestantes.




