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La revolución cubana ha sido especialmente cruel con los cubanos que eligieron no ser parte de ella. Fidel Castro, que desde el primer día polarizó y dividió a la sociedad y a la familia en dos bandos irreconciliables, les llamó “gusanos”.
Diana se fue de Cuba en 1970. Había nacido en 1965. Era, pues, una pequeña gusanita de 5 años. Y como tal la trataron. Cuando sus padres le dijeron que iba a dar un largo viaje, quiso llevarse varios de sus juguetes con ella.
En el aeropuerto, con cara de desprecio, un oficial de aduanas le dijo a la niña que solo podía abandonar a la patria con un juguete. Jorgito, su hermano de 10 años, eligió un camión. Hoy, mientras almorzábamos, don Jorge y doña Elia le contaron a su hija cómo ella se abrazó a su muñeca.
No estamos hablando de la nacionalización de una multinacional norteamericana, ni de una reforma agraria para eliminar los latifundios, ni siquiera de la intervención de una tienda, un bar o una gasolinera. Se trata de despojar a un niño, de la manera más ruin posible, de sus juguetes.
Por más que
Diana busca en su memoria, no encuentra el más mínimo indicio de aquella muñeca. El dolor que yace en su subconsciente la fue difuminando hasta hacerla desaparecer del todo. Ocurrió en 1970, no lo olviden.
No era una niña abrazada a una muñeca, era una pequeña gusanita de 5 años, abrazada al único recuerdo que le dejaron de su infancia.