Francisco hizo el anuncio durante su estancia en Belén. A su regreso a El Vaticano lo cerró rápidamente. En la tarde del domingo de Pentecostés, el 8 de junio, se realizará la oración por la paz, el encuentro con el presidente de Israel, Simón Peres, y el presidente de Palestina (la Autoridad Nacional Palestina, ANP), Mahmud Abas.
Caben todas las especulaciones porque Francisco es imprevisible en sus acciones, además de brillante. De entrada es el mayor golpe positivo que consigue para la Iglesia. No sólo el poder moral del papado sino su influencia política. Logró lo que no consiguieron ni Vladimir Putin ni Barack Obama, desbloquear de forma espectacular las relaciones entre israelíes y palestinos.
En lectura israelí, Francisco logra para Simón Peres el broche de oro para su presidencia. El presidente de Israel no debe ser algo simbólico -un líder para inaugurar exposiciones de crisantemos- sino una referencia ética. Simón Peres y Benjamín Netanyahu -agua y aceite- tienen percepciones muy diferentes. Francisco dijo en Israel -y fue muy relevante en una visita que siguió Hechos de Hoy– que debe existir un Estado de Israel y un Estado de Palestina, y que resulta necesario encontrar un Estatuto para la ciudad de Jerusalén.
A Francisco nada le parece imposible (ya dijo que el celibato no es un dogma y que comprende que un Papa se jubile) en corazones abiertos a Dios y la oración. En septiembre del año pasado, en los días más duros de la crisis de las armas químicas, Francisco convocó una jornada de ayuno y oración. Su protagonismo resultó entonces esencial. Esta movilización es ahora importante y puede tener resultados sorprendentes.
"La paz se hace artesanalmente, no hay industrias de paz", dijo Francisco en su viaje y lo enfatizó a su regreso a Roma. Junto al Papa estarán en una nueva cita histórica sus dos grandes amigos argentinos, el rabino Abraham Skorka y el dirigente musulmán Omar Abboud.
Francisco quiso que hubiera en el mismo séquito de su viaje a Tierra Santa el espíritu de diálogo y respeto entre diferentes religiones. En Jerusalén, el momento culminante se centró en la celebración ecuménica con el patriarca Bartolomé, el patriarca griego ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III, el patriarca armenio apostólico Nourhan y obispos de diversas iglesias y comunidades. En la Iglesia del Santo Sepulcro destacó la voluntad de caminar juntos. Será el mismo mensaje para Simón Peres y Mahmud Abas en un momento de nuevo central del cambio que lidera Francisco con pasión y energía.




