Luis de Guindos lo logró. Fue el interocutor directo de Pierre Moscovici. Insistió en el daño que se haría a España y el impacto negativo en un escenario bloqueado para alumbrar un nuevo gobierno (ver en Hechos de Hoy, Mariano Rajoy, entre Pedro Sánchez y presión de la Comisión Europea). Finalmente no habrá sanción ni para España ni tampoco para Portugal.
La Comisión Europea propuso cancelar la multa a España por incumplir los objetivos de déficit público de 2015. Planteó dos años más, hasta 2018, para situarlo por debajo del 3% del PIB. Portugal también también evita la sanción.
Plantea 4,6% del PIB en 2016; 3,1% en 2017 y 2,2% en 2018). Se evita la presión en 2016 pero se subraya la importancia de 2017 y 2018. La Comisión Europea confía en mayores ingresos y en menores gastos, y en medidas estructurales.
Hay por tanto, salvado el matchball de la multa y del varapalo político y económico, nueva presión para España. El nuevo Gobierno debe enviar un borrador del presupuesto de 2017 a Bruselas antes del 16 de octubre.
Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, ha valorado las cartas que le escribió Mariano Rajoy y la misión diplomática encomendada a Luis de Guindos. En Bruselas se siguen con expectación contenida las consultas del Rey Felipe VI. Se desea un carpetazo a la parálisis política. Y no se comprende que en la España de la Transición fracase la cultura política de Europa de escuchar y pactar. Precisamente por eso no se ha querido aumentar más presión. Una multa hubiera sido, sobre todo, una bofetada moral.







