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El hombre de la chichigua nunca se rindió. (Foto: EF)

El hombre de la chichigua nunca se rindió. (Foto: EF)

PROFUNDA ADMIRACIÓN

El héroe que fracasaba todos los días durante el toque de queda

Sabía muy bien en qué consistía un toque de queda, ví y leí muchos, pero nunca lo había experimentado. Hasta que un virus se escapó de la remota Wuhan y contagió al mundo.

Hechosdehoy / Camilo Venegas

Vi y leí muchos toques de queda, en películas, novelas y noticias de épocas y países que siempre quedaban suficientemente lejos. Sabía muy bien en qué consistía, pero nunca lo había experimentado. Hasta que un virus se escapó de la remota Wuhan y contagió al mundo.

En los primeros días del confinamiento, siguiendo mi instinto de sobreviviente cubano, acaparé irracionalmente. Todavía nos quedan latas y botellas. Le temí tanto a la idea de volver a verme encerrado en un Periodo Especial, que almacené todo lo necesario para resistir meses sin salir a la calle.

Durante esas semanas, Diana participaba en la toma de control de una empresa y tenía que salir todos los días de casa. Se disfrazaba como un cosmonauta y, cuando regresaba, llevábamos a cabo un estricto protocolo de desinfección. Era muy estresante, pero generaba una rutina que acabamos disfrutando.

En las tardes, cuando las sirenas le advertían a Santo Domingo que ya no podía salir a la calle, subíamos a la terraza a mirar el atardecer. Muchos a esa hora hacían lo mismo. Algunos llegamos a trabar una lejana amistad. Todavía no nos conocemos, pero nos saludábamos con una enorme alegría cada tarde.

De todos los personajes que conocí por aquellos días, el que más me impresionó fue un joven que vive justo al lado. Aunque su edificio está flanqueado por altas torres, él se empeñó en empinar una chichigua (pequeña cometa dominicana). Estaba ahí hasta que oscurecía, con el brazo en alto y tirando del hijo.

Nunca logró que se elevara y se uniera a la multitud de chichiguas que tomaron el cielo de la ciudad por aquellos días. No le llegó ni un solo golpe de viento. Pero tampoco se rindió. Se mantuvo con el brazo en alto, tirando del hilo y dando pequeñas carreras hasta el mismo borde del edificio.

Después de nuestra propia experiencia, de todo lo que vivimos en aquellas semanas de total confinamiento, del enorme miedo y de las pequeñas alegrías, recuerdo con especial orgullo al héroe que fracasaba todos los días. No sé quién es, pero lo admiro profundamente.

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