Alberto Núñez Feijóo pone al Partido Popular en modo electoral con Alma Ezcurra para el duelo decisivo con Pedro Sánchez (PSOE) y Santiago Abascal (Vox).
Alma Ezcurra, nueva mujer clave. Alma Ezcurra, próxima a la presidenta Isabel Díaz Ayuso, será la nueva vicesecretaria de Coordinación Sectorial y se encargará de la unidad estratégica del partido. A la vez refuerza a Miguel Tellado en el área de organización del PP.
Alma Ezcurra, 38 años, licenciada en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid (2004-2008), Completó su formación académica con un máster en Derecho mercantil, en el Centro de Estudios Garrigues.
Feijóo, con muchas horas de trabajo en silencio y bajo los focos, e intensos contactos al máximo nivel dentro y fuera de España, ha anclado al PP en el marco transversal ante los escenarios de moción de censura, moción de confianza, dimisión, resistencia y elecciones.
El discurso de Alma Ezcurra que dejó huella
Feijóo sabe muy que se acerca el gran duelo con Pedro Sánchez y Santiago Abascal. Y que será un escenario muy parecido, según apuntaron especialistas de marketing político a Hechos de Hoy, al de Andalucía y Comunidad de Madrid. Feijóo ha colocado ya al Partido Popular como una fuerza transversal para la pugna en escenarios decisivos:
– El voto urbano y rural.
– El voto femenino,
– El voto de los jóvenes.
– Movilizar a abstencionistas,
– Conseguir un cambio de tendencia en el voto em blanco.
– El voto exterior.
– Entrar con fuerza en los caladeros del PSOE.
. Entrar con fuerza en los caladeros de Vox.
Feijóo luchará por un vuelco electoral en el Congreso:
PP: 176 escaños, mayoría absoluta.
PSOE: 99 escaños.
Vox: 33 escaños
En las coordenadas políticas, atención a las siguientes cuestiones en los hechos de hoy, viernes 4:
1. El Mundo reveló que el jefe de la Audiencia Nacional filtraba secretos a Pedro Sánchez.
2. Feijóo asume en persona la política exterior del PP y se volcará en la Unión Europea.
3. Cuca Gamarra afirmó que ya no se trata del caso Cerdán sino del caso Sánchez apuntando a una organización criminal que sustentó los pactos para llegar al poder.
4. El PSOE vetó a Ana Rosa Quintana en el canal Telecinco.
5. El fiscal achaca una “corrupción de alta intensidad” a la “trama” de Santos Cerdán, Ábalos y Koldo. En la vistilla para decidir si el exministro iba a prisión, Anticorrupción alertó de la “enorme alarma social” y de la “repulsa generalizada” ciudadana.
6. La “tortura indagatoria” de Santos Cerdán: sospecha que está en la cárcel para forzar su “confesión”, Su defensa afirma que el ex “número tres” del PSOE es víctima de una “causa general” y reclama su “inmediata” puesta en libertad.
7. Cerdán, “novato” en Soto del Real: ajedrez y una agenda de visitas “nunca vista”. La llegada del exdirigente socialista ha levantado expectación entre los presos con los que convive en el Centro Penitenciario Madrid V.
8. Otegi confirma que el empresario clave en la trama Cerdán hizo de enlace en los pactos entre el PSOE y EH Bildu. Otegi admite que el empresario Antxon Alonso intermedió con él para que se reuniera con Santos Cerdán.
9. Sánchez fulmina a la portavoz del PSOE y a todo el núcleo duro de Cerdán de la Ejecutiva Federal. Ya ha comunicado a Esther Peña y Juanfran Serrano, mano derecha del exsecretario de Organización, que no seguirán.
10. Santos Cerdán y Enriqueta Chicano blanquearon en el Tribunal de Cuentas el crowdfunding de Sánchez para liderar el PSOE.
11. Dimite Judith Martínez, la dos del Hipódromo, tras las informaciones sobre su vínculo con Cerdán. La amiga de Cerdán y pareja del empresario Óscar Arizcuren presenta su dimisión tras los vínculos destapados.
12. Las declaraciones del exministro de Transportes José Luis Ábalos al nativo digital okdiario han ido mucho más allá de la revelación de que el mismísimo Pedro Sánchez en persona le dijo que la UCO estaba investigando a Koldo García, lo que sitúa al presidente del Gobierno en una compleja situación al haber podido cometer un delito de revelación de secretos y/o de encubrimiento, porque también afectan, y de qué manera, a otros miembros del Gobierno.
Especialmente al ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, de quien afirma que puede verse implicado en el mayúsculo escándalo de corrupción que afecta de lleno al PSOE.
La Ponencia Política, el documento clave
Emerge la Ponencia Política como el documento clave en el Congreso Nacional del PP.
El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, subraya que el PP es el partido que más se parece a España y remarca que “necesitamos más que nunca un cambio de regeneración democrática” ante “el caos, la decadencia y la parálisis” que ofrece el Gobierno actual
El presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, explica la apuesta contra la despoblación recogido en el texto bajo el novedoso concepto del derecho a quedarse, que busca fijar población y animar la actividad económica en todas las zonas del país
La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, resalta el papel del municipalismo como “el primer eslabón de nuestra democracia, que representa la cohesión territorial”; destaca la relevancia de “la gestión eficaz y responsable de los recursos públicos” y afirma que la visión del PP es “construir un futuro de España de abajo arriba, desde la individualidad de cada ciudadano a sus primeros gestores públicos”
La eurodiputada y coordinadora de la Ponencia Política, Alma Ezcurra, reconoce que los jóvenes sienten que el sistema “les ha fallado”, porque ellos han hecho todo lo que se les ha pedido y hoy la única certeza que tienen es que van a vivir peor que sus padres. “Para devolverles la ilusión es necesario reconocer los errores, hablarles con honestidad y ser coherentes”.
El texto íntegro de la Ponencia Política:
“Nosotros, los españoles
Pronto se cumplirán 50 años del inicio de la Transición; quizá, nuestra mayor gesta y, a buen seguro, nuestra mejor obra colectiva. La empresa no era fácil, porque veníamos de una guerra civil y de una larga dictadura que frustró las ansias de reconciliación del pueblo español.
Así que empezamos por lo urgente, que era, además, lo más importante: recuperar la primera persona del plural -“Nosotros, los españoles”-, el sujeto que habría de protagonizar un nuevo tiempo histórico. Se ha escrito mucho sobre el consenso de la Transición, pero quizá baste explicarlo como la efectiva reconciliación de los españoles, reunidos para escribir juntos nuestra historia. El fruto político de esa etapa fue la España del 78, que se erigió sobre tres pilares: la monarquía parlamentaria, símbolo de la unidad y permanencia de España, la Constitución, que consagró la democracia y el Estado de derecho, y el Estado de las autonomías, que quiso articular la diversidad sin merma de la cohesión nacional.
La de 1978 ha sido la mejor España de todas. La más libre y la más próspera. Pero hoy está amenazada. El proceso comenzó hace años. El hundimiento del socialismo real y la crisis de la socialdemocracia a lo largo de toda Europa, empujaron a la izquierda hacia la búsqueda de nuevas estrategias. La radicalización del discurso y la agitación de las minorías sustituyeron a la búsqueda de los grandes consensos sociales que habían permitido el progreso sostenido de nuestros países. El intento de deslegitimar al adversario político y de frustrar así la natural alternancia democrática, se hicieron moneda común, no solo en la izquierda.
Este proceso tiene en España unos rasgos propios que lo hacen más grave. Convencidos de su incapacidad para conformar una mayoría social en torno a su propio proyecto político, los actuales dirigentes socialistas vieron en las fuerzas independentistas su única oportunidad para acceder al Gobierno.
Dejaron atrás sin remordimiento alguno décadas centradas en la construcción de un país más integrado y robusto. La Transición política y la cohesión nacional han sido sus víctimas. Las primeras políticas de la mal llamada “memoria democrática” ya mostraron una voluntad de poner fin al consenso de la Transición, y pronto recuperaron la retórica del enfrentamiento.
El “nosotros” se hizo cada vez más difícil de conjugar, y finalmente el PSOE decidió asumir por completo una dinámica política que no se asienta sobre la idea de nación común, sino sobre la exclusión del discrepante. Han buscado aglutinar a las fuerzas de izquierda con los secesionistas, renunciando a ejercer cualquier tipo de liderazgo transversal dirigido al conjunto de los españoles.
Una vez en el poder, la retórica polarizadora y la lógica de bloques se ha convertido en el eje de una estrategia de supervivencia. Quieren levantar muros entre españoles para cerrar el paso a cualquier alternativa.
Por primera vez en democracia esos apoyos han tenido un precio inadmisible. Formaciones que solo defienden los intereses de una parte, que trabajan abiertamente por la desintegración o que, incluso, han sido condenados por sedición, controlan la gobernabilidad y tienen la última palabra sobre las políticas de Estado. Indultos a condenados por el Tribunal Supremo, eliminación del delito de sedición, reducción de penas a la malversación, eliminación de contrapesos al poder y politización de los órganos constitucionales, fueron las primeras consecuencias palpables de los acuerdos alcanzados.
Por primera vez en democracia, también, no fue el candidato del partido más votado quien salió investido como presidente, y eso ocurrió porque se pactó la amnistía de los más graves delitos contra el Estado, se garantizó la impunidad a cambio del voto, sin importar ni por un momento cómo se iba a gobernar después.
Por primera vez, además, se avanza en una legislatura incumpliendo de forma reiterada la Constitución al no presentar durante dos años los Presupuestos Generales del Estado y rompiendo la unidad de la política migratoria.
Por primera vez, un Gobierno reacciona a sus graves casos de corrupción atacando a la Judicatura y a las Fuerzas de Seguridad del Estado, indiferente al profundo daño institucional que tal actitud acarrea.
Por primera vez, y a cambio de unos meses más en la Moncloa, los actuales dirigentes del Partido Socialista están asumiendo como propia una mutación constitucional que pretende hacer de España un Estado plurinacional, de corte confederal. El resultado: un Estado de derecho más débil, unas instituciones cada día menos neutrales, la separación de poderes en entredicho, el principio de igualdad maltrecho y la quiebra de la solidaridad entre españoles. O lo que es lo mismo: el bienestar de la mayoría ha quedado supeditado al interés de una única persona.
Un Gobierno que destina todas sus energías a conservar los apoyos de unos socios que lo someten a un chantaje permanente y a defenderse públicamente de los escándalos de corrupción que lo acorralan, es un Gobierno incapacitado para hacer frente a los desafíos que atraviesa el país.
Desde hace siete años, España es un país paralizado y sumido en el desgobierno.
Nuestra productividad está estancada y hemos caído en renta per cápita frente a los países con los que nos debemos comparar. Sin presupuestos, incapaces de utilizar con inteligencia los fondos europeos, los españoles pagan cada día más impuestos para recibir peores servicios. Nuestras infraestructuras fallan ante la falta de inversión y mantenimiento. La oferta de vivienda no es suficiente para responder a la demanda, y los precios no paran de subir. Lo que no crecen son los salarios, pero la vida es cada vez más cara.
Y hemos dejado de ser un socio internacional fiable, justo cuando se están produciendo los cambios más profundos en el orden mundial desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Esta combinación de degradación democrática, corrupción, polarización y pérdida de competitividad nos está conduciendo a la decadencia. Los españoles merecen un Gobierno dedicado a ellos. Y el Partido Popular está preparado para ofrecerlo. Se inicia ahora un largo ciclo electoral que recorrerá todos los niveles. No se trata de un nuevo episodio de nuestra rutina política. Estamos ante una encrucijada que decidirá el futuro de España, el alcance de la solidaridad entre españoles, la calidad de nuestro sistema democrático y nuestra posición en el mundo. Van a ser, todas y cada una de las próximas citas electorales, la última oportunidad para poner fin a una etapa disolvente.
Y en el Partido Popular estamos preparados para afrontar el reto. Juntos, los españoles volveremos a hacer grandes cosas. No tenemos ambiciones pequeñas.
Ofrecemos unidad frente a la fragmentación, sincera voluntad de acuerdo frente a los intentos ajenos de ruptura. Buscaremos el apoyo de todos aquellos que quieran aportar al proyecto común. Pedimos la confianza de los españoles para llevar a cabo un mandato transformador, que sea reparador allí donde haga falta reparar, que reconstruya donde debamos reconstruir y que cree donde todavía no se ha llegado.
Hemos venido a derribar el muro que han querido levantar para separarnos. Hemos venido a dar paso a un tiempo político nuevo, en el que el sujeto protagonista vuelva a conjugarse en primera persona del plural: “Nosotros, los españoles”.
Hay muchas cosas por hacer, desde acometer la regeneración democrática hasta desarrollar una agenda de prosperidad que restaure el progreso material. Desde el Partido Popular apelamos a esa gran mayoría de españoles que desean permanecer unidos, establecer cada día vínculos más estrechos y solidarios, que quieren compartir un futuro mejor. Y lo hacemos a través de esta ponencia que recoge nuestro compromiso con todos los españoles, el proyecto de país que vamos a defender si nos dan su confianza.
Principios y valores
El Partido Popular es un partido de centro-reformista, que, a partir de la tradición ideológica del liberalismo, la democracia cristiana y el conservadurismo, quiere representar a todos los españoles que creen en la democracia liberal, en la economía social de mercado, en la libertad, la justicia y la igualdad, en una Europa fuerte y en una España unida y plural, a cuyo futuro quieren contribuir.
Creemos en la democracia liberal y el Estado social y democrático de derecho, porque es el mejor sistema para garantizar y proteger la libertad, la participación ciudadana y los derechos humanos frente al abuso y la arbitrariedad.
Nos comprometemos con una justicia independiente, unos medios de comunicación libres y la separación de poderes como manera de garantizar la democracia y el imperio de la ley.
Defendemos la economía social de mercado, instrumento imprescindible para propiciar la responsabilidad y el desarrollo individual de cada persona, equilibrando la libertad económica y la iniciativa privada con la cohesión social y la igualdad de oportunidades.
Entendemos que el libre intercambio de ideas es fundamento esencial de la democracia, requisito para la libertad individual y fuente de crecimiento social y económico. Rechazamos la imposición de dogmas políticos que cercenan la libertad de expresión y fomentan la autocensura, la cultura de la cancelación, y colectivizan a los ciudadanos. La unidad de la Nación española es fruto de nuestra historia, nuestros valores y nuestra cultura compartida y representa la mejor garantía de futuro, inspiración y fortaleza.
Como dice la Constitución y simboliza La Corona, España es patria común e indivisible de todos los españoles. No somos un país uniforme: amamos y reivindicamos nuestros contrastes. Frente a los separatismos insolidarios y la demagogia recentralizadora, creemos que el Estado de las Autonomías, aún perfectible, es el que mejor se ajusta a la idiosincrasia de nuestra nación.
Asumimos como partido la defensa de un proyecto nacional, válido para todos los españoles cualquiera que sea su lugar de residencia, respetuoso con las singularidades que conforman y enriquecen nuestra realidad. Creemos que España se construye a través de un doble compromiso de solidaridad: entre personas y entre generaciones.
Consideramos que es el momento de fortalecer y consolidar un Estado autonómico racional y viable. Somos un partido construido sobre una sólida base territorial y trabajamos para ampliar los elementos comunes del modelo, garantizar su eficacia y combatir las tendencias insolidarias o independentistas.
Nuestra prioridad es el bien común. Estamos decididos a servir a todos los españoles y a fortalecer el sentimiento de pertenencia a una comunidad compartida. Esa es la base de nuestro proyecto político: fortalecer la unión a través de las diferencias, porque la unión no es uniformidad.
Entendemos la política como servicio, no como poder. Gobernar no es imponer, sino tomar decisiones y gestionar recursos con responsabilidad. El verdadero liderazgo no se mide por el control que se ejerce, sino por la capacidad de mejorar la vida de las personas. La política no debe ser un fin en sí misma, sino una herramienta al servicio del bien común y debe ser útil para trasladar serenidad a la sociedad.
Defendemos una nación de ciudadanos libres e iguales. Nos oponemos a toda operación política que defienda la existencia de ciudadanos de primera y de segunda. Impulsamos el progreso económico y la cohesión social sin discriminaciones entre personas, edades, sexos, territorios o cualquier otra condición personal o social. Trabajamos para que los derechos sean inherentes a la ciudadanía y no al código postal.
La Transición, que culminó en la Constitución del 78, es el momento fundacional de nuestra democracia. Creemos que es el mejor ejemplo del espíritu de reconciliación que nos permitió avanzar como país y un legado que debemos honrar. Estamos en contra de que se utilice la historia para enfrentarnos.
La persona es el centro de nuestra acción política. Creemos y respetamos al individuo. Cada persona es el verdadero actor y responsable de cualquier cambio social. Cada persona, gracias a su trabajo y su esfuerzo, es capaz de alcanzar todos los éxitos.
Nuestros valores nacen del humanismo cristiano: la dignidad de la vida humana, la libertad, la responsabilidad, la justicia, la igualdad, la solidaridad y el carácter subsidiario del Estado. El Estado debe estar allí donde el individuo y la sociedad organizada no pueden llegar y no debe aspirar a reemplazarlos.
Queremos que España sea una sociedad de personas independientes. Los españoles sabemos hacer las cosas bien, por y para nosotros mismos: hemos demostrado muchas veces que podemos construir nuestro futuro sobre bases sólidas. La política no puede ser una fábrica de ciudadanos dependientes, ni decir a la gente lo que debe ser, hacer o pensar; debe ayudar a construir una sociedad suficientemente fuerte que retribuya los talentos individuales e integre a quienes sufren desventajas.
Nos inspira la fe en el mérito y la cultura del esfuerzo, y creemos que la Administración, la empresa, el sistema educativo y la sociedad deben reconocer estas virtudes y estimularlas. Son los individuos, en un contexto de estabilidad política, seguridad jurídica y apoyo público, los grandes impulsores de la prosperidad. Somos una sociedad con talento, que tiene que recuperar el trabajo y el esfuerzo como palancas de ascensor social.
Creemos en un Estado limitado, eficaz y subsidiario. Un Estado bien gestionado que potencie y estimule la iniciativa individual y la responsabilidad, y que respete el protagonismo de la sociedad. Para que los ciudadanos confíen en la gestión de la Administración, ésta debe tener unas cuentas públicas saneadas.
Defendemos el reformismo como forma de hacer política. Ser reformista es creer en la mejora constante y gradual de nuestro país. Es unir a tus conciudadanos, reconociendo su diversidad de opiniones, y buscar juntos soluciones estables para avanzar. Es necesario reformar lo que haya que reformar y proteger lo que funciona”.







