Un viaje de Ammán a Belén y Jerusalén bajo el impacto de las muertes el sábado en el Museo Judío de Bruselas, el atentado antisemita más grave que ha vivido Bélgica desde la Segunda Guerra Mundial. La situación es además especialmente grave en países de la Unión Europea como Hungría, donde el partido Jobbik, la tercera fuerza política, profesa abiertamente el odio a los judíos y a los gitanos.
La Federación de Comunidades Judías de España emitió un comunicado en el que pidió a las autoridades españolas y a las europeas “que pasen a la acción con toda celeridad para legislar y penalizar la incitación al odio racial y antisemita que deriva en actos criminales como el de Bruselas”.
En Israel, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, condenó el tiroteo en Bruselas como “un acto de homicidio que es resultado de la incitación constante contra los judíos y su Estado”. Añadió que los “libelos y mentiras contra el Estado de Israel se siguen oyendo en suelo europeo mientras los crímenes contra la humanidad y actos de asesinato perpetrados en nuestra región –Oriente Medio– son ignorados de forma sistemática”. Su ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, vinculó el homicidio a las campañas que llaman al boicoteo a Israel.
Desde su llegada a Tierra Santa, en tres días muy intensos, Francisco vive esta urgencia de paz que situó primero en Siria. Puso el foco sobre el valiente rey Abdalá y su ayuda a refugiados manteniendo el equilibrio y la moderación de Jordania. En Ammán clamó contra el escándalo de la guerra civil siria y la pasividad internacional ante la muerte de inocentes, los más débiles y desamparados. En su estancia en Ammán pidió una solución urgente y pacífica.
Este mismo sentimiento de urgencia de la paz lo llevó a Palestina. En Belén instó al presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abas, “a emprender un feliz éxodo hacia la paz con la valentía y la firmeza necesarias para todo éxodo”. En esta parte de su visita fue conmovedor el momento en que se paró, rezó y apoyó su cabeza sobre el Muro de Belén, el que divide a Israel de Cisjordania, el que constata cada día el fracaso de la paz y la libre convivencia.
Ha sido aquí, en Belén, donde lanzó la propuesta -que es audaz e inédita por parte de un Papa- de un Camp David vaticano, de convocar en Casa Santa Marta, donde reside en El Vaticano, una cumbre para rezar y dialogar. Invitó al presidente de la ANP, es decir, de Palestina, y al presidente de Israel, Simón Peres. Los dos aceptaron esta propuesta.
Con la intuición que tiene Francisco, pensando y planificando sus iniciativas, la idea audaz la lanzó en Belén antes de llegar a Jerusalén. Analistas en Israel señalaron a Hechos de Hoy que se trata de una mediación directa que no tiene precedentes en la relación entre Israel y El Vaticano. El portavoz de Francisco, el jesuita Federico Lombardi, calificó esta propuesta como "un signo de la creatividad y del coraje" del Papa.
Para lanzar este plan, Francisco ha tenido en cuenta las opiniones del corresponsal de Antena 3 y La Vanguardia en Israel, Henrique Cymerman, y del rabino argentino Abraham Skorka. Francisco sabe bien que está bloqueado en estos momentos el proceso de diálogo de paz entre israelíes y palestinos. Por so ha querido implicarse directamente.
Lo acompañó con su gesto de detenerse ante el Muro de Belén para que se sepa que el Muro de Berlín no fue el último que se derrumbó. Francisco ha insistido en la necesidad de dos Estados, Palestina e Israel. Lo ha dicho con la misma fuerza que clamó por una negociación que ponga fin al inferno de Siria. Son gestos y palabras valientes de Francisco antes de su esperada llegada a Jerusalén.




