Es un proceso por el que algunas células cancerosas pueden escaparse del tumor original y colonizar un órgano sano. En esto consiste la metástasis, que se ha convertido en un cáncer al más puro estilo asesino en serie. Durante años se ha buscado una posible fórmula con la que frenar la metástasis para poner fin a las altas tasas de mortalidad de la enfermedad oncológica.
Sin embargo, los esfuerzos han sido en vano. Hasta ahora. Y es que el duro trabajo de un grupo español formado por Joan Massagué en el Memorial Sloan Kettering Cancer de Nueva York ha encontrado un mecanismo que podría ser imprescindible para que las células cancerosas se extiendan por el organismo.
Dicha pieza clave recibe el nombre de plasmina, y es una enzima que proporciona el efecto anticoagulante de la sangre y que su presencia en los vasos sanguíneos del cerebro impide que entren agresiones externas en el cerebro. La investigación, que puede comprobarse en la revista Cell, explica cómo la mayoría de las células cancerosas mueren antes de alcanzar el cerebro gracias a la plasmina.
Asimismo, el estudio también se caracterizó por identificar genes y proteínas que controlan la supervivencia de las células metastásicas del cáncer de mama y de pulmón en el cerebro. En este sentido, el equipo de Massagué deberá demostrar si el mismo mecanismo rige la metástasis procedente de otros órganos.
Si se comprueba la fiabilidad de este estudio, podrían desarrollarse nuevo medicamentos, más específicos contra las metástasis. Y es que de momento, es solo una hipótesis que aún debe validarse en estudios experimentales con ratones. Por su parte, Massagué cree posible que un solo mecanismo permita a las células cancerosas colonizar órganos sanos, incluido el cerebro.
El científico español lleva años investigando este proceso, aunque en los últimos cuatro años se ha centrado en averiguar por qué el cerebro está mejor protegido que la mayoría de los órganos contra la invasión de células tumorales procedentes de otros tumores. Para colonizar el cerebro, una célula cancerosa debe salir de su tumor de origen, entrar en el torrente sanguíneo, y cruzar la barrera hematoencefálica.
Con dichos experimentos se logró ver que aquellas células que llegaron al cerebro, menos de una entre 1.000 sobrevivieron. Asimismo, los expertos llevaron a cabo experimentos en modelos de ratón de cáncer de mama y de pulmón, dos tipos de tumores que a menudo se extienden al cerebro.
Y este experimento reveló que muchas células cancerosas que entran en el cerebro son derrotadas por los astrocitos el tipo más común de las células del cerebro. Los expertos explicaron este proceso “como un oso panda que abraza un tronco de árbol. Al permanecer en él, está nutrida y protegida del ataque y con el tiempo puede empezar a dividirse”.




