Aunque no se suele hablar mucho de ella, lo cierto es que en el mundo hay un gran número de enfermos celiacos. Dicha enfermedad se llega a asociar con una intolerancia permanente al gluten y una dieta libre de este complejo proteínico, como principales tratamientos para frenar sus consecuencias.
Sin embargo, la sensibilidad al gluten no celíaca ha emergido como un nuevo síndrome clínico que afecta, según la Unión Europea de Gastroenterología (UEG), a millones de personas en toda Europa. Y es que según se explica, las primeras referencias sobre el síndrome de sensibilidad al gluten no celíaca (NCGS) se dan en 1980.
No ha sido hasta los últimos años cuando se ha despertado un interés científico por constatar dicha sensibilidad al gluten en algunos individuos que no presentan signos clínicos, histológicos ni serológicos de enfermedad celíaca. Los síntomas típicos de esta dolencia son similares a los de la celiaquía, lo que dificulta su identificación en la práctica médica.
Uno de los expertos asegura que “en este momento, sólo podemos identificar el síndrome en pacientes con síntomas intestinales y otros típicos de la celiaquía que han respondido positivamente a la dieta sin gluten, una vez descartada la enfermedad celíaca con las pruebas diagnósticas adecuadas. Necesitamos criterios más precisos para incorporar el NCGS a la práctica médica”.
Asimismo, explica que “en el caso del NCGS, simplemente no tenemos suficientes conocimientos como para recomendar un enfoque de tratamiento específico, incluido el de la dieta sin gluten”. Asimismo, el Cuaderno de la Enfermedad Celíaca, editado por la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE), también advierte de estos peligros.
Para dicha federación, la alergia alimentaria se caracteriza por una reacción que se produce de forma muy clara, definida y tipificada, mientras que en la intolerancia alimentaria el proceso de rechazo a un alimento se produce de forma más lenta y discreta.
“Mientras que las personas que tienen realmente alergias alimentarias necesitan generalmente eliminar el alimento causante de su dieta, las personas que sufren una intolerancia al gluten pueden consumir pequeñas cantidades del alimento o del componente alimenticio, sin que se den síntomas excepto en el caso de personas con gran sensibilidad al gluten”, explican.
Asimismo, detallan que la enfermedad celíaca no está señalada como una alergia al gluten sino que sería una intolerancia permanente. Por ello, también se diferencia en que dicha sensibilidad al gluten es para toda la vida, y no solo momentáneamente. Entre algunos de sus síntomas están dolor persistente en la zona abdominal, diarreas frecuentes, eccemas o erupciones en la piel, dolor de cabeza, fatiga y confusión, estreñimiento, náuseas y vómitos, anemia, adormecimiento o dolor de las extremidades o hinchazón abdominal.




