Algunos de sus síntomas se presentan hinchando el dedo gordo del pie. Solo con ello ya se puede decir que se está hablando de la gota, una enfermedad provocada por el exceso de ácido úrico en sangre, que se deposita en forma de sales en el interior de las articulaciones.
Tradicionalmente fue conocida como la enfermedad de los reyes puesto que se le relacionaba con una forma de vida basada en los excesos. Monarcas como Felipe II y Enrique VIII fueron algunas de sus majestuosas víctimas. Sin embargo, en la gota no solo influye la dieta sino que también existe cierta predisposición genética.
“Lo que comes supone solo un tercio de la producción de ácido úrico en el cuerpo. Los otros dos tercios aparecen porque nuestras células mueren y uno de sus componentes, las purinas, se degradan hasta formar el ácido úrico. La mayoría de los pacientes de gota tienen una predisposición genética a manejar mal esa carga de ácido úrico”, explicó un experto de la Sociedad Española de Reumatología.
Los factores externos, como un estilo de vida desordenado, simplemente hacen que estas personas tengan más papeletas para desarrollar la enfermedad. De hecho, en casi todos los casos, no basta con cambiar la alimentación para curar la gota, sino que se necesita el empleo de fármacos.
“Una dieta estricta sólo baja un miligramo el ácido úrico en sangre, que tiene que estar por debajo de seis para que no se formen depósitos”, señaló la doctora Mercedes Jiménez Palop, médico adjunto del Servicio de Reumatología del Hospital Puerta de Hierro. Asimismo, ambos coinciden en que en la dieta para controlar el ácido úrico no hay nada prohibido, pero sí limitado.
“Lo importante de la dieta en la gota es que sea equilibrada, como la mediterránea, baja en calorías, y con ejercicio físico. Para mantener el peso ideal, el equilibrio es muy importante en esta enfermedad porque cuando el ácido úrico en sangre sube o baja mucho de forma brusca es cuando da el ataque”, explica la doctora.
“Deben moderarse los azúcares añadidos, como la fructosa presente en los refrescos, porque compiten con el ácido úrico a la hora de eliminarlo en la orina”, continúa explicando aunque añade que “no hay alimentos especialmente malos, se trata de la cantidad. Comerse dos nécoras es igual que 150 gramos de ternera. Así que cuando coma marisco, no se tome luego un filete. Es más fácil negociar una buena dieta con el paciente que ser muy restrictivo”.
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