Pese a que en la actualidad no existe cura para el síndrome de Down, si existen tratamientos que pueden hacer más llevadera la vida a las personas que padecen esta alteración genética, causada por la presencia de una copia extra del cromosoma 21 (en lugar de las dos habituales), y también a sus familias.
Ahora, una investigación codirigida por los doctores Rafael de la Torre, del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) y Mara Dierssen, del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona, demostró por primera vez, que un compuesto presente en el té verde, la epigalocatequina galato, junto con un protocolo de estimulación cognitiva, mejoran las capacidades intelectuales en las personas con este síndrome, y modifican la excitabilidad y la conectividad funcional de su cerebro.
En pruebas de resonancia magnética del cerebro, se ha confirmado que estas mejoras cognitivas se acompañan de un aumento de las conexiones entre neuronas en áreas del cerebro que controlan la memoria y el comportamiento.
El estudio se ha basado en la molécula EGCG (epigalocatequina galato), que se encuentra en el té verde. El tratamiento se ha acompañado de actividades de entrenamiento cognitivo. Cuarenta y tres voluntarios de entre 16 y 34 años han recibido la EGCG durante un año y se ha evaluado su evolución hasta seis meses después de terminar el tratamiento.
Los resultados se han comparado con los de otros 41 voluntarios que también han recibido entrenamiento cognitivo pero no EGCG y que no han experimentado las mismas mejoras. La molécula EGCG era una candidata prometedora para el tratamiento, informó Mara Dierssen, neurobióloga del CRG y directora de la investigación.
La razón es que este componente del té verde inhibe la actividad de la proteína DYRK1A, que se considera importante en el síndrome de Down. Dierssen había comprobado en estudios previos que la EGCG mejora el funcionamiento cognitivo en ratones que tienen una discapacidad equivalente al síndrome de Down.
Pese a los esperanzadores resultados obtenidos en personas, los investigadores advierten que será necesario un estudio más amplio con cientos de voluntarios antes de que las autoridades sanitarias puedan autorizar la EGCG para el síndrome de Down. Este estudio más amplio, sin embargo, no está previsto por ahora por falta de financiación.
A la espera de que se pueda realizar, “para una persona adulta, yo recomendaría un tratamiento con EGCG porque tenemos estos datos que lo avalan”, declara Rafael de la Torre, que es farmacólogo. “Pero antes de recomendárselo a un niño, desearía hacer un estudio en población infantil”.
De la Torre adviertió que hay unos 60 productos basados en extractos de té verde en el mercado español y que el único que le ofrece garantías es el Mega Green Tea Extract de la compañía estadounidense porque está elaborado con técnicas farmacológicas.
De lo contrario, señala De La Torre, no hay modo de saber la dosis de EGCG que se administra. En el estudio del CRG y el Hospital del Mar, los efectos beneficiosos se han observado con una dosis equivalente a ocho tazas diarias de té verde.
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