El viaje de Francisco a Tierra Santa -una visita que le llevará a Jordania, Palestina e Israel– está llamado a remover el escenario político de Jerusalén. Francisco escogió la máxima sencillez para esta visita -según informaciones de Hechos de Hoy– eligiendo como idioma el italiano, rechazando automóviles blindados y dispuesto a conocer con detalle todos los escenarios y sobre todo escuchar en días muy intensos y llenos de actos.
Francisco escogió el modelo de visita de Pablo VI, de tres días, para transformarlo en una visita corta pero muy intensa, llena de momentos significativos y trascendentes. Conmemorará además el 50 aniversario del abrazo entre Pablo VI y el patriarca Atenágoras que puso fin en 1964 a nueve siglos de clima de enfrentamiento entre ortodoxos y católicos desde el cisma del 1054. Francisco sin embargo enmarcará su visita en un espíritu cristiano y de diálogo entre las religiones. Para enfatizarlo le acompañarán sus muy buenos amigos de Buenos Aires, el rabino Abraham Skorka y Omar Abboud, presidente del Instituto del Diálogo Interreligioso.
Francisco comienza su visita el sábado 24 en Ammán, donde será recibido por los reyes de Jordania, Abdalá II y Rania. Celebrará la misa en el estadio internacional de la ciudad. El momento más importante en Jordania será su visita a Betania -"al otro lado del Jordán, donde Juan Bautizaba"-. Allí, Francisco, acompañado del rey Abdalá, se reunirá con refugiados de Siria y jóvenes discapacitados.
El domingo 25 Francisco se traslada en helicóptero a Belén para tener un encuentro con el presidente de Palestina y celebrar misa en la plaza de la Basílica de la Natividad. Habrá un almuerzo con familias palestinas y una visita al campo de refugiados de Deheisheh para reunirse con los niños junto al Muro levantado por Israel. En Belén, Francisco tiene el primero de sus cuatro encuentros con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I.
En Jerusalén, Francisco conmemora, en la Delegación Apostólica, el 50 aniversario del abrazo de Pablo VI y el patriarca Atenágoras. A continuación visitarán la Basílica del Santo Sepulcro para una ceremonia sin precedentes, rezando juntas las tres comunidades –ortodoxa, armenia y católica-. Posteriormente se celebra en el centro Notre Dame of Jerusalem Center una cena conjunta.
El lunes 26 es una jornada muy intensa. Francisco visita al Gran Muftí de Jerusalén junto a actos en la Explanada de las Mezquitas, el Muro Occidental donde depositará una plegaria escrita, y presencia con los dos rabinos jefes en la Gran Sinagoga de Jerusalén. Habrá un encuentro con Simón Peres y Benjamín Netanyahu. Por último se reunirá con sacerdotes y religiosos en Getsemaní, y celebrará misa en el Cenáculo antes de emprender el vuelo de regreso a Roma.
Sobre las consecuencias y la importancia de este viaje hay sentimientos encontrados en Jerusalén. Para Simón Peres es un momento histórico y crucial que debe mercar con fuerza la senda de la paz y el diálogo entre israelíes y palestinos. Para Benjamín Netanyahu, frialdad y escepticismo. Sin embargo la ministra de Justicia -que pudo actuar por sugerencia del propio Simón Peres– viajó en secreto a Londres para reunirse con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas. El ministro de Exteriores de Israel, Avigdor Lieberman, confirmó este encuentro que aseguró dijo ser privado e informal.
Sin embargo es importante porque se trata de la primera reunión tras el fracaso de las conversaciones que fueron impulsadas por el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry. Livni habría expresado a Abas las objeciones del Gobierno de Netanyahu al proceso de reconciliación entre el partido Al Fatah, de Abas, con el movimiento radical Hamas, que controla la Franja de Gaza. Pero a la vez le podría haber sugerido aprovechar el clima del viaje de Francisco para sentar las bases de un nuevo proceso de diálogo que podría contar con otros apoyos además del de Estados Unidos.






