Seguimiento en Berlín al flanco sur de la Unión Europea. Es la frontera política y a la vez económica, el sur de la zona de la moneda única.
Las elecciones autonómicas en Andalucía han abierto de forma oficial un año de convulsión en España tras la estabilidad y confianza que produjo la mayoría absoluta del Partido Popular. Es la actual perspectiva desde Alemania.
Alemania contempló primero las fuertes convulsiones en Cataluña. Observa ahora la fuerza con que emerge el partido Ciudadanos, que se asemeja con el significado histórico en Alemania del FDP (los liberales). En los análisis inquieta que Podemos, como extrema izquierda, haya irrumpido de forma oficial en la escena política de España. Se van a observar con análisis fino los comicios de este nuevo ciclo -locales, autonómicos (excepto Galicia y País Vasco) y generales-.
En el flanco sur, Grecia permanece muy presente. Ante el Parlamento Europeo, por primera vez Mario Draghi reconoció que el Banco Central Europeo (BCE) contempla todas las hipótesis y todos los escenarios.
Angela Merkel, ahora que la crisis griega no afecta a los mercados, busca evitar soluciones simples -como ha destacado Hechos de Hoy-. Tampoco quiere que se imponga por ambas partes el lobby de los radicales y los intransigentes. Volvió a asumir de forma personal un asunto que es espinoso pero que afecta de forma política y psicológica a Alemania -la relación con Grecia y con Turquía, dos países además que forman parte de la OTAN-.
Alexis Tsipras desplazó a su fogoso ministro de Finanzas para tener todo el control de una negociación que le puede arrastrar políticamente. Rodeó su visita a Berlín de todos los detalles. Voló en clase turista, fue cortés con la canciller, y no dudó en criticar la portada de Der Spiegel que calificó de injusta. La revista alemana publicó un informe sobre la percepción de Alemania por los europeos llevando a Angela Merkel, en un montaje, junto a las ruinas del Partenón rodeada de oficiales nazis.
Angela Merkel hizo público en Berlín, ante el primer ministro de Grecia, la voluntad de llegar a acuerdos pese a las diferencias. Insistió en que es el Eurogrupo y no Alemania quien debe valorar las reformas griegas. Alexis Tsipras reconoció por su parte que a medio plazo hay un problema de liquidez en Grecia pidiendo que se dejen al costado los recelos y los clichés.
Es difícil saber si el escenario es ahora optimista o pesimista. Pero al menos Alexis Tsipras habló con franqueza a la canciller y reconoció los errores. Pero a la vez indicó que ni la Comisión Europea ni el Banco Central Europeo y tampoco el Fondo Monetario Internacional han auyudado a hacer frente a dos de los problemas más persistentes en Grecia como son la corrupción y la evasión fiscal. También planteó la cuestión, que sólo es bilateral pero ha adquirido notable importancia, de las reparaciones de guerra.
Esta última cuestión la colocó como un asunto moral y no económico. Indudablemente, por ambas partes, han situado el diálogo en el primer plano. Sin embargo la canciller ha insistido que el nudo gordiano se halla en el Eurogrupo y ni siquiera en la Comisión Europea. Cedió por tanto el clima de ansiedad pero no el de suspense.






