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UN GIGANTE

Tony Leblanc, el hombre que nació en el Museo del Prado y se enamoró de España

Goya de Honor en 1994, y después al mejor actor de reparto con "Torrente, el brazo tonto de la ley", el único actor español que después del honorífico se llevó el galardón por un trabajo.

Hechosdehoy / Carmen Aniorte
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Dicen que en tiempos de crisis la sonrisa, el reír, la alegría cotiza en la bolsa de la vida. Es el refugio que nos queda para tratar de sobrellevar los males que nos acechan. Sonreír es medicinal e incluso cura el alma, por eso está tan cotizado. Hay muchos que intentan hacer reír y que se hacen llamar cómicos, pero muy pocos los que merecen tener ese título.

Por encima de todos está Miguel Gila, detrás todos los demás. En ese pequeño club de los elegidos se encuentra Ignacio Fernández Sánchez Blanc, pero todo el mundo lo ha conocido y lo conocerá ya para siempre como Tony Leblanc. Nació en el Museo del Prado, algo que llevó siempre con orgullo y que le hizo sacar pecho como muchos de los personajes que inmortalizó no sólo en el cine; si no también en el mundo de la revista musical.

¿Sus personajes? Todos tenían ese toque castizo que nadie como él supo lograrlo: el mecánico celoso en Las chicas de la Cruz Roja, el Felipe de La Verbena de la Paloma, el timador de la estampita en Los tramposos… y una amplia galería más de personajes.

Aunque Tony fue siempre fiel a su querida Isabel, su mejor compañía siempre y en los últimos años en los que los achaques y pequeños y grandes accidentes minaron su salud, el tuvo una novia cinematográfica: Concha Velasco. La misma que este sábado mismo en el Teatro Calderón, cumple la máxima del mundo del espectáculo: trabajar, divertir mientras que el alma llora por la pérdida de un gran amigo.

Tony Leblanc hace unos años publicó un sencillo, pero completo libro de memorias, Ésta es mi vida. En la última página decía: "Estoy enamorado del amor, porque del amor vine y moriré enamorado. ¿Qué de quién? De mi mujer, de mis hijos, de mis nietos, de mis amigos, y cómo no, enamorado de mi España. Ya ves, lector, que hombre tan normal. Ése soy yo. ¿Que me tire un piropo? Pues allá va. Soy buena persona. Sinceramente: Tony".

Este gran actor que nos acaba de dejar era un excelente escritor e incluso compositor. Le encantaba escribir, tomar notas de todo aquello que veía y le pasaba por delante de sus ojos. A modo de explicación decía: ¡Se goza tanto en esta vida! Se ama tanto que al final el gozo duele y el amor a través de su mente se adormila, mientras ese Dios bueno en el que creo susurra envuelto en nubes: "Ya está bien, descansa y vete".

Ante este testamento en vida no queda más que decir gracias Tony por los buenos momentos que hicistes pasar primero a la generación de mis padres y después a la mía. Nos quedamos tristes por tu ausencia porque parece que nos quieren quitar la sonrisa. Espero que tú, desde allá donde estés pongas las cosas claras como muchos de tus personajes.

El segundo Goya, el más valioso aún


– El corazón del gran actor cómico y productor -como informó Hechos de Hoy– dejó de latir a los 90 años tras superar el gravísimo accidente de 1983 y una operación el pasado verano.

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