Con la llegada del buen tiempo, las playas y piscinas llegan a abarrotarse de hombres y mujeres que luchan porque en septiembre tengan un buen tono de piel. Sin embargo, según un estudio por la Escuela Médica de Harvard de Estados Unidos advierte de los peligros que conlleva tostarse al sol.
Y es que el centro dejó claro que hay que tener mucho cuidado a la hora de tomar sol. Sobre todo al determinar que la exposición a la radiación ultravioleta (UV) aumenta los niveles de beta-endorfinas opiáceas, conocidas como hormonas del bienestar, algo que sucede en el cuerpo de forma similar cuando se toman drogas como la heroína.
Uno de los expertos del estudio asegura que aunque este estudio se ha llevado a cabo en animales es importante resaltar los efectos negativos en personas. “Aunque estos experimentos deben ser validados en humanos, creemos que es posible que mecanismos similares operen en personas. La respuesta de la piel frente a la radiación UV parece mantenerse en otras especies”, comenta David Fisher.
Y es que el mismo estudio deja claro el hecho de porqué a los ciudadanos les gusta tanto disfrutar del sol a pesar de que la exposición a la radiación ultravioleta tiene unos peligros bien conocidos. “La investigación encuentra una respuesta a la búsqueda que la gente hace del sol y explicaría también el aumento incesante en la mayoría de formas de cáncer de piel”, explica.
El experimento en cuestión se llevó a cabo en dos clases de roedores. A todos ellos se les afeitó ara que los rayos penetraran directamente en su interior. A los primeros, se les expuso durante varias semanas a la radiación ultravioleta. El resto, por el contrario, no fueron exhibidos a la UV.
Durante todos los días, los investigadores sometieron a los ratones a una dosis de luz equivalente a la que un ser humano puede recibir tras media hora disfrutando del sol de Florida al mediodía. Sin embargo, la cantidad fue calculada de tal manera que no quemara la piel de los animales.
“Nuestro estudio identifica una vía orgánica codificada en la piel según la cual la radiación UV causa la síntesis y liberación de beta-endorfinas y produce efectos similares a los opiáceos, incluyendo la conducta adictiva”, comentó el experto. Seis semanas después inyectaron como colofón del experimento, un compuesto llamado naloxona.
Este fármaco provocó en los roedores síntomas asociados de forma clásica a la abstinencia como pueden ser temblores, sacudidas y castañeteo de dientes.




