La sucesión de Anthony Wayne por Roberta Jacobson (Roberta S. Jacobson) (1962, casada, con dos hijos, y con un perfecto español) ilustra con claridad sobre el ambiente retorcido en Washington en el periodo final de Barack Obama.
Inicialmente, para el crucial puesto de embajador de Estados Unidos en Ciudad de México, Barack Obama había optado por María Echaveste, hija de inmigrantes mexicanos. Ante la batalla que se libraba en el Senado, la propia candidata optó por retirarse. Roberta Jacobson fue la segunda propuesta. Será una embajadora clave, de alta reputación, para el periodo final de la relación entre Enrique Peña Nieto y Barack Obama hasta que deje la Casa Blanca en enero de 2017.
En los largos forcejeos en el Senado para este proceso de confirmación sucedió de todo. Marco Rubio la vetó inicialmente por haber sido Roberta determinante -como secretaria de Estado adjunta para América Latina – en el proceso de normalización diplomática entre Estados Unidos y Cuba. Al final cedió a cambio de que se mantengan sanciones contra funcionarios de la Administración de Nicolás Maduro.
El Comité de Relaciones Exteriores del Senado ha tardado diez meses en poner fin a la sucesión en una embajada crucial. Ha sido el espejo del estado de confusión del Partido Republicano sobre sus candidatos y su campaña presidencial, así su falta de reacción al fin de la Guerra Fría en el Caribe que exige el fin del bloqueo y de la prisión de Guatánamo.
Por primera vez se sitúa mujer al frente de la importante embajada de Estados Unidos en Ciudad de México. Tiene garantizado su puesto hasta enero de 2017 y después, si Hillary Clinton gana la elección presidencial, seguhramente seguirá, o incluso podría estar llamada a puestos aún más claves.
Roberta posee una amplia experiencia y comprensión de las diferentes sensibilidades en América Latina. Desde 2012 ha sido la gran experta, y hacedora además de las líneas estratégicas claves en la relación de Estados Unidols con América Latina.
Fue subsecretaria adjunta para Canadá, México y asuntos relacionados con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). Al frente de la Oficina de Relaciones con México. Y con papel clave en la Embajada de Estados Unidos en Lima.
En 2015 dirigió la misión más apasionante de su vida diplomática. Tuvo en sus manos la negociación para normalizar las relaciones con Cuba y ordenar el proceso histórico de la reapertura de embajadas. Participó en la culminación de este proceso con la histórica visita de Barack Obama a La Habana.
Con formación jurídica y diplomática –la escuela Fletcher– y licenciatura en artes de la Universidad Brown. Trabajó para Nacaiones Unidas pero su carrera se enfocó rápidamente sobre América Latina que es además su pasión.
Conoce muy bien la importancia de su rol en un momento de grandes cambios en el Caribe. Se abre en Cuba un proceso de transición que puede ser muy rápido o desesperadamente lento y complejo. México lo observa.
Va ser muy activa en el seguimiento a los derechos humanos, y la lucha contra la corrupción, que es la semilla para que anide el crimen organizado y las bandas brutales de narcos. Especialmente ha sido la impulsora de la Iniciativa Mérida, la gobernanza de México y los países de Centroamérica frente al narcotráfico.
Nuestra mujer en Ciudad de México, el sentimiento al fin de Barack Obama que está muy pendiente, como Francisco, de la paz no escrita en Bogotá, la reconciliación sin firmar en Caracas, y la anhelada construcción de la democracia en La Habana.
La percepción sobre Roberta en Cuba
– Ver en Hechos de Hoy, Venezuela y Capriles reúnen un millón de firmas para acabar con Maduro.







